Lo sagrado y la verdad

También hoy hemos asistido -y he de decir que con placer y provecho- a las Jornadas de Filosofía organizadas por la sfpa en Elche. Las exposiciones de hoy corrían a cargo de los profesores Fernando Bañuls y Eugenio Moya. Personalmente considero un acierto la elección tanto de los ponentes como de los temas tratados porque de alguna forma han dado el contrapunto crítico a lo tratado ayer. 
El profesor Bañuls ha planteado un interesante problema a través del debate entre Ratzinger y Habermas. La cuestión es, a mi juicio, elucidar si el ámbito de lo político goza de autonomía o sólo puede construirse sobre algo previo a la misma política. Para ver el problema con perspectiva, Bañuls nos ha llevado a través de Durkheim a considerar el concepto de lo sagrado. Según parece, lo sagrado sería lo único capaz de aglutinar a la sociedad en torno a un proyecto político. Lo sagrado actuaría como un pegamento, o como una fuerza nuclear fuerte que mantendría cohesionada a la sociedad, evitando que se disgregue en un atomismo de individuos relativistas. La religión ha sido capaz de vehiculizar lo sagrado políticamente, por eso la secularización de las sociedades modernas, al perder la religión, ha perdido lo sagrado, y con ello, la fuente de la integración social. Sin embargo lo sagrado no se relaciona con lo religioso sino accidentalmente, de modo que cabría recuperarlo sin necesidad de recuperar la religión. Se trataría, pues, de encontrar algo sagrado pero laico, capaz de conseguir que la sociedad se cierre en torno a un proyecto cívico. La propuesta de Habermas, en este sentido, sería el patriotismo constitucional. 
Sin duda alguna lo sagrado se experimenta, pero dudo que pueda construirse artificialmente. El peligro, a mi juicio, de hacer de lo sagrado una condición de posibilidad de la política es que podemos acabar sacralizando cosas que no son sagradas. Lagarto, lagarto. 

La conferencia del profesor Moya, había despertado una gran expectación y creo que no ha decepcionado. Moya ha hecho una interesante exposición del pragmatismo de Rorty para terminar con una valoración crítica del mismo. Según el profesor Moya, para Rorty la verdad no es más que la creencia compartida útil, de modo que aquellos discursos "verdaderos" como la ciencia y la filosofía no son ni más ni menos que la literatura. Al final, todo es literatura y lo único que cabe hacer es dar rienda suelta a la libertad creativa sin límites. Moya ha criticado con mucho sentido común esta posición. Básicamente la idea es que no es lo mismo cruzar el mediterráneo con un barco que con un bloque de hielo. La realidad impone unos límites, se nos resiste, y por lo tanto, la verdad no es ningún cuento. Más oscuro ha estado cuando ha tratado de la relación entre los conceptos de libertad y verdad. Según parece, a diferencia de quienes ha calificado de liberalistas cínicos, la libertad no es para el profesor Moya condición suficiente para la verdad (¿Será, al menos, condición necesaria?). Hace falta algo más que libertad para alcanzar la verdad. Mientras yo me preguntaba qué más hace falta, Moya aseguraba, de un modo algo enigmático, que lo que hace falta son unas "garantías" para que la información fluya (estoy citando de memoria). Si esas garantías son algo más que libertad, entonces confieso que no sé de qué está hablando. Pienso, contrariamente a lo que ha defendido Moya, que no hay verdad sin libertad, ni libertad sin verdad. Lo que hace de la Wikipedia (continuando con un ejemplo del propio Moya) una enciclopedia fiable es que, a pesar de que cualquiera puede introducir un fake, la libertad de los internatuas, nos garantiza que ese fake no durará mucho. Es la ausencia de libertad lo que hace que las mentiras se perpetúen. No sé si en el fondo -espero que alguien me lo aclare en los comentarios- Moya estaba defendiendo algo así como una verdad moral. Lo que me hace sospechar esto es su respuesta al incombustible Ximo Brotons, en la que ha hablado de una "justicia" universalizable por verdadera. Su ejemplo ha sido la ablación del clítoris, que a su juicio se basa en una concepción errónea del ser humano, y por ello es rechazable. Personalmente estoy más con el profesor Brotons: la ablación no es mala por falsa, sino porque priva de la libertad. El debate ha sido interrumpido en este punto. El tiempo se ha manifestado al final con sagrada verdad y nos ha dejado con la palabra en la boca. 
Mañana más. 

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Liberales

Hoy se inauguraban las Jornadas de filosofía política que ha organizado la SFPA , y que tienen lugar en el Centro de Congresos de Elche. El tema común a las dos conferencias ha sido el liberalismo, a cargo de dos liberales confesos –in situ- Enrique Ujaldón y Francisco Giménez Gracia; el título de sus respectivas conferencias: “¿Para qué sirve el liberalismo político hoy?” y “Dinero y libertad y John Locke”. Felicitamos nuevamente a la SFPA por su denodado empeño en procurar que el pensamiento filosófico vibre nuevamente en esta árida provincia.

No soy especialista, ni experto, en filosofía política –lo cual no implica que lo sea en otro campo. El liberalismo tiene indudable atractivo para las mentes analíticas y lógicas porque obliga a poner las razones –y “las cuentas”- encima de la mesa, por su carácter de “ácido universal” que desactiva todos nuestros “santos”, nuestros tabúes, nuestras buenas intenciones, nuestros utópicos deseos, nuestros rincones de pureza, nuestros “nosotros-los-buenos”, y nos obliga a dar cuenta de cada miserable centavo.. -o así debiera ser. No pretendo, ni podría hacerlo aún queriendo, ofrecer un resumen fiel del contenido de las conferencias, me conformaré con hacer algunas breves apreciaciones, unas pinceladas impresionistas, y con toda justicia podrán censurarme por arbitrario y hasta si quieren de coger el rábano por las hojas. Como siempre, tal como me es de naturaleza, me quedaré en mi llanura de subjetivas sensaciones sin ascender a las vertiginosas cumbres de las Ideas.

La conferencia analítica y reposada de Ujaldón nos acercó –o quizá mejor, giró en torno- a las claves del liberalismo. Que los hombres puedan “intercambiar libremente fluidos corporales o bienes y servicios” tiene su condición en la seguridad jurídica; el liberal no pretende, por tanto, abolir el estado, al contrario es un defensor del estado, pero aunque lo necesita y lo defiende, desconfía de él; es por tanto meollo central al liberalismo el control y la limitación de poder del estado, para impedir que el comunitarismo , o cualquier otro poder tiránico, ahoge al individuo. “No creemos en la identidad nacional, ni en una colectividad por encima de la individualidad”. Y acabo parafraseando el alegato final: “Contra los que intentan domeñar el individuo, y la libertad individual, los que pretenden diseñar el fututo, evitar los riesgos, contra todo eso estamos; contra el totalitarismo..” Quizá esto arroje claves –y sospechas- para entender por qué el término liberal es usado, por tantos y tan frecuentemente, como arma arrojadiza y en forma despreciativa.

La conferencia de Giménez se desarrolló en un tono mucho más provocativo, jocoso a veces, nos regaló perlas como: “Botín ha hecho más por el bien de la humanidad que la madre Teresa de Calcuta” –afirmación que no estoy seguro de suscribir, pero que invita a pensar. Giménez trató la rehabilitación “moral” por Locke del dinero, cuya mala prensa se remonta a Aristóteles y sobre todo al cristianismo. Y del sueño liberal de una relación entre gobernantes y gobernados fundada sobre un depósito de confianza (poder fiduciario) tan sólido que pueda asegurar la libertad y la despreocupada vida privada de "un comedor de hamburguesas como Homer Simpson". Y una aseveración: “Los regímenes democráticos nunca entran en guerra entre sí”.Para finalizar destaco la concepción del hombre que según Giménez está a la base del pensamiento liberal: “La naturaleza humana es perfectible pero no buena”, en este punto difiere de las visiones de corte socialdemócrata, que a juicio del conferenciante poseen una concepción más roussoniana de la naturaleza humana... y que se desliza peligrosamente en algunas corrientes totalitarias hacia la recuperación de un hombre puro, original, incontaminado...

Ambos conferenciantes coincidieron en señalar y lamentar la falta de presencia del pensamiento clásico liberal en nuestros planes de estudio y en nuestros centros de enseñanza. Ausencia que contrasta, en cambio , con el peso real de esta tradición fundamental en la sociedad contemporánea.

Silencio que también debe darnos motivos para pensar. Por mi parte, agradezco a Enrique y a Paco que nos lo hayan hecho patente.


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En defensa de la Pedagogía (1)

Acabo de leer, vía Waldenland25 (con agradecimiento incluido a Efervescente2H) el artículo de Ana Benito: "La pedagogía no tiene la culpa: un análisis de los problemas de la educación en España". Más o menos lo que la autora dice es que las críticas a la pedagogía yerran el tiro porque no atacan a la auténtica pedagogía sino a una versión caricaturizada de la misma, así que trata de ir desmontando los 'malentendidos' en torno a cuestiones como la memoria, el aprender disfrutando, la atención a la diversidad, etc. O sea, que la pedagogía (constructivista) ha fracasado no porque sea una patraña, sino por falta de pedagogía (no supieron explicarlo...) A mi juicio no consigue su propósito, antes bien, confirma todos esos presuntos malentendidos. Pero no sólo eso, sino que acaba justificando el actual sistema educativo. No en vano el artículo lo edita el propio Ministerio de Educación, Política Social y Deporte; pedagogía oficial, vamos. Lo cierto es que el artículo no tiene desperdicio y me he propuesto dedicar una serie de posts a comentar algunas de sus perlas, que son más que significativas. Ya los iré colgando conforme los escriba.

En todo caso la lectura del artículo, ciertas conversaciones con colegas de la profesión y el recuerdo de iniciativas pasadas, me han hecho reflexionar sobre una cuestión que considero de suma importancia. Se trata de la propia naturaleza de la pedagogía. Por decirlo de un modo contundente: la pedagogía no forma parte de la psicología, ni es ella misma una ciencia autónoma. Creo, más bien, que la pedagogía es, ante todo, una reflexión filosófica (sí, filosófica). 

1) La pedagogía no es una ciencia: En efecto, las ciencias tienen como objetivo explicar la realidad, no modificarla, pero la pedagogía tiene un claro contenido normativo. La psicología se dedica a estudiar científicamente el aprendizaje, proponiendo teorías acerca del mismo más o menos contrastables. No es la realidad del aprendizaje la que tiene que adecuarse a las teorías, sino las teorías las que tienen que adecuarse a la recalcitrante realidad. La ciencia no tiene un contenido normativo bajo pena de falacia naturalista. Sería absurdo decir que la teoría geocéntrica no falla, que lo que falla es la tierra, que le da por girar. Pero la pedagogía tiene un contenido normativo, en primer lugar, porque no se ocupa del aprendizaje, sino de la educación, que es algo más amplio y que no puede desconectarse de cuestiones como la justicia, la antropología, la verdad, etc., que no admiten un tratamiento científico. En segundo lugar, la pedagogía no trata de explicar la realidad de la educación, sino de diseñarla según una idea de lo que el ser humano DEBE ser. Decir que la pedagogía es una ciencia y hacerla derivar de la psicología no es más que un nuevo caso de psicologismo reduccionista. Este psicologismo ha sido una de las teorías filosóficas del siglo XX más perniciosas para la filosofía. 

2) La pedagogía es una reflexión filosófica: La pedagogía no sólo tiene un contenido ético, sino que ES ÉTICA APLICADA. Si la ética reflexiona sobre la vida buena, la felicidad y la justicia, la pedagogía reflexionará sobre cómo preparar al niño para esa vida buena, para esa felicidad y para esa justicia. La pedagogía no nos dice cómo se aprende (eso lo hace la psicología), lo que hace es reflexionar sobre lo que se DEBE aprender. La educación es un proceso por el cual formamos a personas como personas, y la pedagogía reflexionará acerca de la legitimidad moral, epistemológica y antropológica de los medios y de los fines. Cuando digo que esa reflexión es filosófica, estoy haciendo referencia al carácter necesariamente abierto de la misma. No hay una pedagogía verdadera, en el sentido en que no hay una filosofía verdadera. Aquí sólo hay búsqueda. Una teoría pedagógica oficial sería tan perniciosa como una filosofía oficial o una física oficial (¿hay alguna revista seria de física editada por el ministerio de ciencia, o como se llame ahora?). Lo peligroso de ésto es el dogmatismo. 

3) Por lo tanto: la reflexión pedagógica es una actividad ineludible para la filosofía, además, debe ser una reflexión extremadamente crítica y prudente, dado el alto contenido ético-político de la misma. No sólo debemos reflexionar acerca de la pedagogía en cuanto filósofos, sino que debemos atacar toda toda forma de psicologismo en pedagogía, precisamente, porque ese psicologismo destruye a la pedagogía misma, convirtiéndola en ingeniería social (como me sugería el otro día un colega lector de este blog).  La pedagogía no tiene la culpa, claro que no. Ha sido precisamente la ausencia de una verdadera reflexión pedagógica por nuestra parte lo que ha permitido que una determinada pedagogía ideológica y pseudocientífica se instale en nuestro sistema educativo. Recuperemos la pedagogía y recuperaremos la educación.

Quisiera terminar invitándoles a la pedagogía con el siguiente fragmento de la película "El milagro de Ana Sullivan" en el que confieso que veo sintetizada mi propia filosofía de la educación (o sea, mi pedagogía). Ana Sullivan ha sido contratada para educar a una niña (Helen) que es ciega y sorda y que tiene a los padres desesperados porque su comportamiento es propio de un animal. En la escena que presento, Ana intenta enseñar a Helen a comer con cubiertos. La niña acostumbra a vagar por la mesa mientras su familia come, cogiendo con la mano comida de sus platos. Ante el asombro, incredulidad e indiganación de los padres de Helen,  Ana se empeña en enseñarle a usar la cuchara, por lo que empieza por expulsar a la "comunidad educativa" de la sala. El video no está completo, pero al final consigue su propósito...




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Política y educación

Confiar la instrucción pública al Estado es una maquinación aviesa tendente a moldear la mente humana de tal manera que no exista la menor diferencia de un individuo a otro; el molde utilizado a tal efecto es el más grato al régimen político imperante, ya se trate de una monarquía, una teocracia, una aristocracia, o bien a la opinión pública del momento; en la medida en que tal cometido se realiza con acierto y eficacia, queda entronizado un despotismo sobre la inteligencia de los humanos que más tarde, por natural evolución, somete a su imperio el cuerpo mismo de la gente.
 
J. St. Mill: Sobre la libertad

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La comunidad ciudadana

Esto me está matando. Roger Federer.

Seguimos enzarzados en la polémica sobre si la EpC es “mera” ideología o no lo es. De momento ya nos había sorprendido que todos los partidos políticos –sin excepción- se hayan tomado la molestia de dar su opinión al respecto, incluso de proponer determinados contenidos y oponerse a otros. Del latín, por ejemplo, hasta la fecha no han dicho ni pío, ni tampoco de la física, o de las matemáticas, parece que esos asuntos los dejan para los especialistas; es la “comunidad científica” la que decide acerca de la pertinencia o no de determinados contenidos; poco tienen que decir José Blanco o Soraya Sáenz acerca de las declinaciones latinas, las ecuaciones matriciales, o la sinapsis neuronal –soy de la opinión que también desdeñan al sujeto trascendental. Como ambos portavoces son personas avispadas (suponemos que también sensatas) han sabido mantenerse al margen de cuestiones que no les conciernen, así que ni palabrita sobre esos sosos temas académicos. Mucho más animosos han estado con el asunto de la EpC –de la que no se cansan algunos de repetir que hay réplicas por toda Europa-, ¿por qué han hablado tanto del asunto? Me parece evidente que porque no existe esa comunidad científica experta en asuntos de ciudadanía, de hecho la materia es una mezcolanza de asuntos legales, sociales, políticos, medio-ambientales, médicos o de salud pública, psicológicos.. Las reticencias que la materia ha suscitado en ciertas posiciones políticas e ideológicas han venido como consecuencia de que algunos han interpretado que se proponía un determinado modelo ideológico, (será interesante conocer la fundamentación de la sentencia del tribunal supremo), pero tranquilos que parece que todo conduce a un consenso de los contenidos por parte de los dos grandes partidos con la representación “proporcional” de los nacionalismos, sin descuidar el respeto a la minorías y la paridad de género, por supuesto se atenderá también a la diversidad religiosa, y no se olvidarán los derechos de los animales.[ No está claro si el asunto de los condones se limita a la pública o se extenderá también a la concertada –hoy mismo parlamentaban la vicepresidenta y el enviado de Roma]

No dudo que serán capaces de encontrar acomodo al sujeto trascendental en este lecho de Procustro. Pero a mí, dicho con todo el respeto, me huele a pura justificación política, (fáctica, coyuntural) y eso sí, (no se asusten) “políticamente correcta”.

Otro día hablaremos del tocomocho.

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Democracia trágica y psicociudadanía

Por fin este lunes pasado Ximo Brotons nos explicó en las charlas organizadas por la SFPA su concepto de democracia trágica. Se trata de una idea muy atractiva que frente al 'buenintencionismo' autocomplaciente que destila el discurso oficial en cuanto aparece la llamada ciudadanía de por medio, hace hincapié en el carácter trágico de esa ciudadanía. Esa tragedia es la pluralidad esencial al ámbito político que sólo puede gestionarse hablando. No hay en la política sino diálogo -y si no hay diálogo, no es política (recuerdo vagamente una anécdota de Franco que una vez le dijo a no se qué político que le estaba dando la brasa con sus problemas que hiciera como él, que nunca se metía en política. A ver si alguien conoce la anécdota exacta y la cuenta en los comentarios). Pero esa discusión no puede terminar en coacción, sino en la construcción -a tientas- de una 'phronesis'. Por eso en el espacio político la filosofía es filophronesis, frente a la filosofía propiamente dicha, que se ocuparía de la teoría, culminando con la búsqueda de la verdad. 

La charla de Ximo fue muy amplia y ciertamente difícil, pero como tuvo la amabilidad de regalarnos el libro que ha escrito sobre la materia, podremos masticar con detenimiento su propuesta. 

En el turno de preguntas surgió el problema de la relación entre la política y la educación. El problema es en qué medida puede haber una verdadera educación política o, dicho de otra manera, si desde la política se deben formar ciudadanos. Esto es problemático porque al proponer un programa educativo con un corpus de conocimientos necesarios para el ejercicio de la ciudadanía, se estaría dando una sustancialidad a algo que no la tiene por sí, sino que es el resultado de una discusión que continúa en el ágora y que no termina. De ese modo una educación política estaría salvando de la discusión una serie de principios como fundamentales para la ciudadanía, pero de ese modo estaría negando precisamente la capacidad política de los ciudadanos para generar por ellos mismos esos mismos principios (u otros)  a través de posteriores diálogos. Según Ximo, es necesaria una educación política que forme ciudadanos, pero no en el sentido de enseñarles el bien, no se trata de hacer ciudadanos buenos. De lo que se trata es de enseñarles a ser ciudadanos virtuosos, entendiendo la virtud como las habilidades para ejercer de ciudadanos, que tendrían que ver con la responsabilidad, el dialogo entre iguales, etc. 
Mi intuición (ni siquiera tengo una 'creencia' definida sobre el tema) es que aquí Ximo se equivoca. Yo diría que  el ciudadano se forma en el mismo ejercicio de esa ciudadanía, en confrontación con el resto de ciudadanos. Se trata de una cuestión difícil ésta y de trágica actualidad. 

Ah, se me olvidaba... hablando de tragedias, Ángel nos dio una noticia que anda por la prensa que vino a confirmar los temores que ya albergo desde hace tiempo. Según parece hay por ahí el proyecto de eliminar la asignatura de Psicología del Bachillerato. Personalmente es una asignatura que me gusta mucho dar, me parece muy interesante, y a los alumnos también suele gustarles, de hecho tiene una gran acogida. Pues bien, sin que haya ningún problema con la asignatura, sin ningún tipo de demanda social en su contra -al contrario- y sin que se haya planteado jamás su inconveniencia en ningún sentido, nos la quitan. La eliminan. Pero no sólo eso, sino que en su lugar pretenden poner una asignatura de Psicopedagogía. Por supuesto no hay ninguna razón curricular para poner esa asignatura, que es tan concreta que sólo puede interesar a los que pretendan dedicarse a la educación (es un decir, de hecho yo recomendaría a todos los que amen la educación que se alejen de todo lo que huela a psicopedagogía). Puesto que la Psicopedagogía tampoco ha aportado nada destacable a la humanidad -al margen de unas cuantas generaciones de soberbios analfabetos y un profesorado entontecido- me temo que la introducción de dicha asignatura sólo obedece a razones políticas; en primer lugar porque en la psicopedagogía hay más ideología que en la propia EpC y en segundo lugar porque sospecho que esto no es sino una maniobra gremialista del lobby psicopedagógico. Nos echan. 

Sinceramente creo que la psicopedagogía es un peligro para la educación en general y para la filosofía en particular. Los autores de este blog ya empezamos hace tiempo una serie de posts en los que nos dedicamos a comentar los Dogmas de la Pedagogía Oficial. Estos son los links:


Enlaces:


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