lunes 26 de noviembre de 2007

Dogmas de la Pedagogía Oficial 5º. Legalismo




Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos
como nace un deseo, sobre torres de espanto.

Luis Cernuda

Uno sale a la calle
y besa a una muchacha o compra un libro,
se pasea, feliz. Y le fulminan:
Pero, cómo se atreve?
¡ El arquitrabe!

Jaime Gil de Biedma


Hace años, era uno joven y confiado, me preguntaba una compañera si había leído no sé qué del BOE, le respondí que pudiendo leer a Cernuda no perdería el tiempo con la prosa del boletín del estado; ella, con visión de futuro, me contestó que había tiempo y momentos para cada cosa; tal sugerencia me pareció un indigno pasteleo, y he seguido siendo muy reacio a entretenerme con el discurso de los boletines –aunque alguno me voy mirando ya, no se crean.

Desde entonces las alusiones a leyes y boletines se han multiplicado en un vertiginoso crescendo, en consonancia la poesía ha ido desapareciendo de nuestros colegios e institutos; pocos alumnos de 2º de Bachiller –aún siendo de “letras”- cursan hoy literatura española, y ya es raro –un milagro, vamos- que alguno de ellos conozca a Luis Cernuda; mi amiga, sin embargo, es ahora inspectora en una de las múltiples delegaciones de educación y empieza a sonar para una vicepresidencia.

Desde principios de los noventa hablar de educación ha sido sinónimo de apelar a la LOGSE o renegar de ella, al hacer esto se nos escamoteaba la cultura y se sustituía por un discurso político –en el peor de lo sentidos- un discurso partidista, sustentado por prejuicios y vacío de contenidos, un discurso que alimenta silencios, bandas y banderías, y en el que la prueba de nuestros argumentos se funda en nuestra pertenencia a esta o aquella formación política, a este o aquel equipo, a este o aquel proyecto. La indudable crisis de nuestro actual sistema educativo tiene entre otras causas la ausencia de un auténtico debate en cuestiones educativas; en lugar de “ir a las cosas mismas”, el pseudodebate educativo se ha agotado en señalar La Ley, que parece concebirse como intocable emanación del Absoluto –o en su caso del Maligno- la ley –con sus múltiples artículos- que emana innumerables decretos y casi infinitos reglamentos. Se teje así una telaraña jurídica al servicio ¡ay! no de la justicia, sino de la justificación de un depauperado estado de cosas.

Supongamos que alguien no está de acuerdo con alguna medida concreta que se toma en su centro, –algo tan terrenal y concreto como las guardias de patio, por poner un ejemplo-, entonces ante una hipotética protesta se le indica La Ley de tal manera que el cambio de esa medida aparenta suponer una enmienda a la Constitución, hechos como estos –que aunque productos de mi fantasía son totalmente reales, “también la verdad se inventa” decía Antonio Machado- disuaden a cualquier persona sensata de hacer propuesta alguna. Una de las discusiones, que a estas alturas ha tenido lugar en cada uno de los centros de España, concierne al tema de las expulsiones; en muchos centros se impide al profesor expulsar a alumnos con el argumento de que al expulsar de clase se vulnera el derecho a la educación del alumno..¡ahí es nada! si alguien osase comentar –como de hecho ocurre- que quizá el comportamiento de este alumno impide el derecho a la educación del resto – evidentemente también una renuncia voluntaria a la propia- la contestación podría ser que el profesor está falto de recursos para dirigir una clase, que debería acudir a los pertinentes cursillos de reciclaje, de mediación, de habilidades sociales o incluso se le puede sugerir que cambie de trabajo.. sí, como lo oyen.. todo menos conculcar el derecho a “la educación” del gamberrete de turno, el cual de otra parte queda perplejo junto al resto de la tribu ante las reflexiones de sus maestros, tal como en la aldea de Asterix pensaban: “están locos estos romanos”. Resumiendo, ante el intento de resolver un problema concreto de disciplina se te presentan con la Constitución bajo el brazo, y te señalan el artículo según el cual el acceso a la educación es un derecho de todos los españoles..sin embargo en las pistas de baloncesto del municipio no se consiente que nadie pise sin llevar el calzado adecuado.. Con tanta ley, decreto, y reglamento educativo tendrán que poner un ministerio fiscal en defensa del gamberro ante los variados dislates que provoca cada profesor , según algunos, obsoleto.

Ya pueden imaginarse como la contemplación de estos percances –que no pasan desapercibidos- ejerce una balsámica acción motivante sobre el alumno interesado en aprender, alumno estudioso –que milagrosamente persiste y persevera en aquellas prácticas de otrora, al margen de la ley benefactora.

Pero el imperio del legalismo no se limita a las cuestiones de disciplina y autoridad sino que impregna cada una de las facetas del sistema educativo. Por ejemplo, las programaciones; si se comparan las programaciones de aquellos tiempos de Luis Cernuda con las del presente de Zafón, La catedral del mar, y Harry Potter con sus cohortes de animaciones y dinámicas, no dejará de percibirse que hoy en cada programación se comienza por citar el BOE -o su correspondiente versión autonómica, claro está- como queriendo mostrar que se es respetuoso, obediente de la ley, libre de pecado y conocedor de anexos y circulares. Allí debe mostrarse que los contenidos están por la ley bendecidos, que se tienen previstas las correspondientes adaptaciones, que se someten a ley los procedimientos y las actitudes, los temas trasversales y la educación en valores, y ¡cómo no! las múltiples “actividades”. Y, como la gran mayoría de docentes, no somos héroes, sino mas bien comedidos timoratos, y pendiente como se está de la Espada de Damocles del legalismo, se acaba por mutilar la reflexión personal, la originalidad, la creatividad, la autenticidad, la sensatez, la prudencia y el buen gusto, que podrían dar a lugar a documentos ricos en vivencias, en experiencia, en planteamientos realistas y acordes a los sujetos de la educación. En su lugar se generan estériles y farisaicos escritos para demostrar observancia de la ley.

Es en el ingente papeleo donde el espíritu del legalismo alcanza su parusía –en los montones de papeleo agotador e inútil; en la mimesis de la burocracia, el formalismo y el humo coloreado.
.....que se han hecho adaptaciones pues enumérense los objetivos, los materiales, las criterios de evaluación, y los datos del adaptado -hágase por triplicado- ... los informes de evaluación personalizados –también por triplicado.. que consten partes de faltas y firmas de enterado... amonestaciones ... papeles para la reunión de padres y para la elección de delegado... autorizaciones de los padres para las actividades extraescolares, para subir en autobús o para ver cierta película... y papeles, papeles, más papeles.. para la conferencia de la droga y la de seguridad vial, para el cursillo de risoterapia, el de Astrología
y el de psicología transpersonal... los papeles del viaje a Utrera y Castellón.. no se olviden de los puntos que valen para el sexenio..

Cada paso que usted dé debe quedar convenientemente consignado y burocratizado, de lo contrario no fue nada; o peor aún, puede ser un paso en falso; "burocratizo, luego existo", "burocratizo, luego estoy a salvo", son lemas que iluminan los entresijos de la docencia en una época que presentía Hölderlin cuando se preguntaba: y para qué poetas en tiempos de penuria.


Qué oye?

El fragor de las trituradoras de papel.

Wislawa Szymborska



16 comentarios:

Marcos Santos Gómez dijo...

Excelente blog. Acabo de descubrirlo y me he llevado una grata sorpresa. Gracias por los enlaces y textos que aportas. Si lo deseas, puedes darte una vuelta por mi blog, "Educación y filosofía", http://educayfilosofa.blogspot.com

Felipe dijo...

Leyendo tu post he disfrutado como un enano a lomos de un gigante. Estoy completamente de acuerdo con tu diagnóstico:

"La indudable crisis de nuestro actual sistema educativo tiene entre otras causas la ausencia de un auténtico debate en cuestiones educativas; en lugar de “ir a las cosas mismas”, el pseudodebate educativo se ha agotado en señalar La Ley"

De hecho creo que el problema es más profundo que lo que comunmente se reconce. ¿Qué es lo que ha entrado en crisis en la educación? Yo creo que no es 'la cosa misma', sino la Ley. Creerán que pensemos lo contrario, claro. Hoy, sin ir más lejos, en el periódico INFORMACIÓN venía una noticia bajo el titular de que el 40% de los docentes están 'desmotivados' y que un 7% cambiaría de profesión. Eso es parte de la tendencia a hacernos creer que somos los profesores los enfermos; tendencia paralela a la de los infumables corrillos en los que se habla de lo mal que están los alumnos. No. Los profesores y los alumnos son los de siempre. Sus motivaciones y desmotivaciones son las de siempre. Eso no ha cambiado. Es la ley la que ha entrado en barrena, pero el legislador, en vez de asumir su fracaso, persiste e insiste en acusar a quien perplejo (alumno o profesor) no para de decir para sus adentros: 'Están locos estos romanos' (Genial la referencia, por cierto). La ley es la que está en crisis. La Ley es la enferma.
Y las leyes, a diferencia de las personas, sólo pueden padecer una enfermedad, y es la que con tanta perspicacia señalas: dejar de tener como objetivo la justicia, para convertirse en justificación, barricada callejera, arma arrojadiza y santuario del filócrata.

Yo quiero que cuando hablemos de educación, hablemos de Cernuda, de Newton, de los cefalópodos y de los endecasílabos; y que nos dejemos de BOES, constructivismos y recursos.

Felipe dijo...

Marcos santos gómez:

He leído tu blog y me ha parecido muy interesante. Lo visitaré con frecuencia.

Angelus dijo...

Felipe,

Muy acertado, como es habitual, tu comentario. De todas formas, mira bien donde te has subido no te des un guacharrazo..

Juan A. Pérez dijo...

Me ha encantado este blog recién descubierto.
Estupendas reflexiones.

Felicidades y gracias por el blog.

Elisa dijo...

¡Ole! Bien pensado y bien dicho.

Angelus dijo...

Gracias Elisa.

Me ha encantado tu blog que pasa a estar entre mis favoritos, y que espero visitar muy a menudo.

De momento me ha encantado y me ha sido muy útil tu referencia al programa vozme.

Espero que tu también te pases por aquí de vez en cuando.

Nn cordial saludo

David dijo...

Me ha parecido muy buena la reflexión de tu post, y estoy completamente de acuerdo, porque además creo que es una reflexión sobre el origen de los males que atentan la libertad misma y sería extensible a otros ámbitos de la sociedad, no sólo al educativo.

Sí, un apego desmesurado a una Ley vacía de contenidos y fundamentación, que lleva a considerarla como único marco desde el que justificar o enjuiciar nuestras decisiones, no sólo estrecha las posibilidades vitales, obstaculiza al 'eros pedagógico', sino que, lo que es peor, omite y cierra otros caminos que podrían abordar los verdaderos problemas educativos que Aquélla ni siquiera toca.

Si la Ley se convierte en el único discurso legitimador de nuestras acciones y decisiones andamos buenos. Sólo falta que salga un nuevo decreto por el que se obligue a instalar cámaras en las aulas de todos los Centros para comprobrar que el profesor cumpla exhaustivamente con los contenidos conceptuales, procedimentales, y actitudinales dictados todos ellos en la correspondiente programación con arreglo a la Ley susodicha...

Angelus dijo...

Gracias David por tu participación en este debate. Comparto tu posición.

Sólo quiere añadir que lo fundamental para no dejarse atrapar por todo este embeleco es abrir los ojos y preguntarse : ¿ y todo esto a quien beneficia? ¿quienes son los beneficiados en todo este asunto?..

lug dijo...

¿Legalismo? Quizá una cierta burocratización externa y pocas ganas de discutir sobre cuestiones que se plantean en el día a día. Sin embargo, me parece - y sé que me quedo siempre sólo en esta reflexión - más bien que lo que hay es un pasote completo de toda ley - en el aula el profe es dueño y señor de su actuación (como sabemos todos los que fuimos alumnos). La ausencia de coordinación entre los profesores es pasmosa - salvo excepciones, supongo. Quizás se necesite una ley en sentido pleno que se imponga y llegue finalmente a los rincones.

David dijo...

De nada, es para mí un placer participar en los debates que abrís tan provechosos.

Creo que aquí viene al caso la definición que da Trasímaco de la justicia en la República de Platón: lo justo es lo que establecen los poderosos, para su beneficio

Angelus dijo...

Lug, hay que diferenciar entre la ley -como expresión de racionalidad y justicia- y el legalismo, lo que aquí denunciamos es lo segundo; la ley como excusa, como justificación, como arma arrojadiza.. y como burocracia.

Sobre las reuniones: mi experiencia es de muchas, muchas reuniones, en las que se saca muy poco en claro.
Parece que tus vivencias son diferentes.

Por supuesto que la coordinación es necesaria, pero el legalismo con toda su burocracia no la permite, con mucho un simulacro burócrata y autojustificativo.

Saludos, como siempre, apreciamos tu participación en estos debates, no sé si quijotescos.

Anónimo dijo...

Desde aqui quiero pedir perdón a todos los estudiantes, por que creo que yo fui uan de las que hizo el test ese de PISA, y la verdad que...EN mi defensa quiero apuntar que era una pesadilla, que nos tuvieron 3 horas encerrados y no nos dejaron ni ir al aseo ni almorzar. De todas formas no le hagais mucho caso a ese estudio porque de los que estubimso haciendolo casi nadie se lo tomo enserio.Que voleu?...Teniem quinze anys...

Felipe dijo...

Lug:
No me agrada demasiado la idea de la Ley persiguiéndome por los rincones. Cuanto más lejos mejor. De todos modos hay dos maneras en que la ley puede llegar a los rincones que dices. Uno sería que la ley consiguiera ser aplicada universalmente, que no hubiera ningún paraíso de alegalidad. La otra sería que la ley regulara los detalles más nimios de nuestra actividad. No sé exactamente a cuál de estos sentidos te refieres, pero es muy distinto desear que la ley se cumpla en todos los sitios a desear que la ley lo regule todo. El segundo sentido no me parece aceptable en ningún modo. El primero no me entusiasma, pero probablemente es más deseable que su contrario.

Felipe dijo...

David:

Estoy completamente de acuerdo contigo. El peligro de las cámaras sería no tanto el ser controlados como que lo que se nos exige hacer (esos contenidos conceptuales, actitudinales, procedimentales) es algo tan vago y confuso que nuestra evaluación dependería de la orientación política del 'voyeur' y por lo tanto sería completamente arbitraria. En realidad casi cualquier cosa que hagamos en el aula puede ser interpretada como acorde con la ley. Y viceversa.

lug dijo...

La "Ley en todos los rincones" es la buena(mesurada) ley de la racionalización coolectiva del trabajo. La llamada a la "buena ley" nace como deseo de que la clase no sea un coto privado de caza para el profesor, donde marca su estilo (bueno o malo) con independencia de la Ley de turno o del lo que hacen sus compañeros. En clase uno hace lo que quiere ( o casi, seamos justos).
Imaginemos: si todos los profesores se pusieran a exigir como exige el que más exige de los profesores, el alumno se vería negado en su tarea. Si, por el contrario, todos exigieran como exige el menos exigentes, el alumno se vería defondado en la desidia. Si "la nave va"(como va) es por una espontánea y caótica articulación de profesores que exigen mucho y otros que no exigen nada. Todo movido por mano invisible de la suerte. Mi deseo de "ley en los rincones" exigiría fiscalización y expresión pública real del trabajo para mejor armonizar ritmos y deberes, objetivos concretos para chicos concretos... racionalización, racionalización (la intuición de la alta cultura del espíritu, la tarea que el profesor genial - todos, por lo visto - desarrolla más alláb del bien y del mal, podemos reservarla para los postres.