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Manifiesto de Maestros y Profesores



Advertíamos en el post de ayer contra los pactos cuando éstos se presentan como una especie de 'solución final'. Hay razones para pensar que el pacto que se cierne sobre la educación en España va a ser de los malos, cuya única virtud será apuntalar un sistema que ya no se sostiene. Vistas las propuestas del gobierno, no parece que se vayan a tener en cuenta las reivindicaciones que desde los profesionales de la docencia se vienen haciendo desde que se aprobó la LOGSE (e incluso desde antes, cuando era 'experimental'). Esto es lo que ha motivado que un grupo de profesionales de la docencia decidan ponerse manos a la obra y hacerse oír con este MANIFIESTO DE MAESTROS Y PROFESORES. Me adhiero al manifiesto y les invito a ustedes a hacerlo también. Sin más comentarios, reproduzco el manifiesto, que también es accesible desde los siguientes links (También se ha creado un grupo en Facebook):



MANIFIESTO DE MAESTROS Y PROFESORES:
POR UN SISTEMA EDUCATIVO LIBRE, EFICAZ E INDEPENDIENTE

Cuando la soledad de un amplio colectivo de ciudadanos y la falta de representación política de sus argumentos impelen al desencanto y a la irritación, pero también a la sagacidad, es un deber inexcusable de la sociedad civil tomar la iniciativa y exigir que se tengan en cuenta sus reivindicaciones.

Sostenemos como incontrovertibles las siguientes evidencias: que el de los docentes es uno de los colectivos profesionales de España más desguarnecido, más irrepresentado, más desengañado, más enfadado y, en última instancia, más capacitado para denunciar el cúmulo de atropellos que se han ido cometiendo desde hace más de veinte años; que las diversas reformas educativas han fracasado estrepitosamente en todos sus planteamientos y han condenado a generaciones de estudiantes españoles a ser de las peor preparadas de la Unión Europea; que las circunstancias económicas de nuestro país obligan a dar, cuanto antes, un giro radical en las políticas educativas que han venido proponiendo hasta ahora los partidos políticos con representación parlamentaria, ya que, de no ser así, ninguna reforma logrará el objetivo -suponemos que sincero- de sacar a España de la grave crisis en la que se halla inmersa.

Por ello, y ante el anuncio de las negociaciones que el Ministerio de Educación está llevando a cabo con diferentes grupos políticos y con los principales sindicatos de la enseñanza, los abajo firmantes (maestros de Primaria, profesores de Secundaria y Bachillerato, profesores de Formación Profesional, profesores de Universidad, padres, madres y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de exigir:

1.- Que el Pacto por la Educación incluya el criterio de los profesionales de la enseñanza que están dando clase -y no sólo de quienes dicen ser sus representantes-, únicos expertos hasta el momento y principales conocedores de la realidad de las aulas españolas.

2.- Que el Pacto por la Educación se despoje de una vez por todas de la influencia de modas pedagógicas que no valoran el esfuerzo, la disciplina o la transmisión de conocimientos; limite las atribuciones de psicólogos y pedagogos, tanto en la administración como en los centros, a los fines estrictos de su adscripción, y se atenga exclusivamente a la realidad de unos estudiantes que necesitan con urgencia una formación en contenidos exigente para afrontar los retos del futuro.

3.- Que el Pacto por la Educación impida todo intento de manipulación ideológica de los planes de estudios, evite cualquier prejuicio partidista o electoralista, se atenga únicamente a los hechos, detecte los problemas más acuciantes y actúe en consecuencia, sin que se vea lastrado o condicionado por intereses espurios que nada tienen que ver con la enseñanza.

4.- Que el Pacto por la Educación no confunda, como se viene haciendo desde hace más de veinte años, la igualdad de oportunidades de una enseñanza obligatoria hasta los 16 años con la uniformidad de capacidades, y el derecho universal a una educación de calidad con la obligación de recibir unos mismos contenidos, exigencia que atenta contra los derechos individuales, niega que existan personas con distintas capacidades físicas e intelectuales o con perspectivas e intereses diversos, e impide que el Estado salvaguarde la legítima aspiración de los ciudadanos a promocionar socialmente.

5.- Que el Pacto por la Educación conciba una Enseñanza Infantil que no ignore que los niños de edades comprendidas entre los 0 y los 4 años han de pasar la mayor parte del tiempo con sus padres, aun cuando eso signifique que deban reconsiderarse las actuales normativas que rigen los permisos de maternidad y paternidad y los horarios laborales de los progenitores; que no eluda la responsabilidad de iniciar el aprendizaje de ciertas habilidades intelectuales cuando la capacidad o la inclinación de los alumnos así lo requieran; que no se entienda, en definitiva, como una etapa en la que sus profesionales han de quedar reducidos a ser simples nodrizas.

6.- Que el Pacto por la Educación considere la Enseñanza Primaria como el ciclo más importante en la formación del alumno, limite la promoción automática a los primeros años de la etapa, no desdeñe el rigor y la exigencia necesarios para afianzar tanto las habilidades primordiales en lectoescritura y cálculo matemático como los conocimientos básicos de otras disciplinas también esenciales, y no eluda la necesidad de plantear una Primaria hasta los 14 años. Pero que, sobre todo, haga de este periodo de aprendizaje el mejor momento para guiar al alumno en su futuro académico demandándole tenacidad, disciplina y esfuerzo, y detectando a tiempo y prestando una mayor atención a los problemas que puedan surgirle mediante una exigente labor de orientación -labor que sólo tiene sentido y es eficiente en esta etapa- que huya de la inútil burocracia actual y, principalmente, a través de programas de refuerzo dentro y fuera del aula.

7.- Que el Pacto por la Educación recapacite sobre la conveniencia de mantener, contra viento, marea y estadísticas adversas, la Enseñanza Secundaria, etapa que se ha revelado como uno de los mayores fracasos de las últimas reformas legales; que conciba, en su lugar, la creación de un Bachillerato de 4 años de duración que recupere el valor del mérito académico acabando con la promoción automática y restablezca la especificidad que le da sentido y que lo define como la etapa preparatoria para los estudios superiores; que se atreva a abordar definitivamente una reforma de la Formación Profesional que convierta esta etapa en el motor más importante para transformar el modelo productivo de nuestro país, y que evite que se la continúe considerando una simple alternativa para aquellos que no pueden acceder al Bachillerato, otorgándole, para ello, 4 años de duración tras la Primaria, dotándola de medios y dignificando sus objetivos mediante el mérito y la excelencia.

8.- Que el Pacto por la Educación no condene a los alumnos que fracasan a la precariedad laboral y que incluya con carácter de urgencia, para ello, un tercer itinerario de Iniciación Profesional a los 14 años -de 2 años de duración- que armonice la presencia de las asignaturas instrumentales con una atención especial a materias exclusivamente prácticas, procurando así una cualificación profesional temprana y una salida laboral digna y suficiente como para no impedir la promoción social a la que todo ciudadano tiene derecho.

9.- Que el Pacto por la Educación plantee un sistema de conexión de los diferentes itinerarios salidos de la Enseñanza Primaria con racionalidad y sentido común, mediante cursos puente o exámenes de ingreso que huyan de la excesiva condescendencia que existe hoy día.

10.- Que el Pacto por la Educación evite la impostura de los actuales procedimientos de evaluación del sistema de enseñanza y plantee la urgente necesidad de unas reválidas estatales y vinculantes al final de cada etapa que hagan de los resultados el único y principal indicador fiable de la realidad de alumnado y profesorado.

11.- Que el Pacto por la Educación dignifique la figura del docente modificando, para ello, la actual estructura de los centros de enseñanza, facilite su labor rebajando el número de alumnos por aula, restablezca su autoridad devolviendo al claustro de profesores las competencias disciplinarias y restituya su autonomía confiriéndole la competencia para elegir a los directores y otorgando a los diferentes departamentos didácticos la libertad real para elaborar los planes de estudios.

12.- Que el Pacto por la Educación dignifique la figura del docente confiando a su único criterio las cuestiones derivadas de la enseñanza, despojándole de atribuciones ajenas a su cometido, acabando de una vez por todas con el absurdo sistema de promoción horizontal, incentivando su carrera mediante la búsqueda del estímulo académico y laboral, que, en todo caso, nada tiene que ver con los cursillos que actualmente organizan sindicatos y centros de profesores y recursos, dignificando el menoscabado Cuerpo de Catedráticos de Bachillerato y concibiendo un sistema de acceso a la función pública docente diferenciado para cada etapa educativa y basado exclusivamente en la excelencia.

13.- Que el Pacto por la Educación proponga por fin respuestas serias y contundentes a los graves problemas que sufre la Universidad española, que recorte el número de universidades a fin de evitar la actual infradotación y la mediocridad a las que están expuestas, que reconduzca la vigente política de títulos a patrones de sensatez científica y económica, que racionalice los planes de estudios, que modifique los actuales modelos de gestión administrativa y emprenda una desburocratización en masa, que solucione los antimeritocráticos estándares de selección y de evaluación del profesorado, que reconsidere y adapte a la realidad de nuestro país los dudosos procesos que se han seguido para adoptar los nuevos requisitos de Bolonia, y que potencie programas de investigación con dotación suficiente evitando por ley la influencia política que hoy día impide o pone en entredicho, no sólo la eficiencia y la utilidad de éstos, sino el libre debate de ideas y, sobre todo, el concurso de toda disidencia crítica.

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Dogmas de la pedagogía oficial 8. La motivación



Si yo tuviera una escoba…

Desde hace algún tiempo venimos tratando aquí lo que considerábamos dogmas de la pedagogía oficial: ciertas ideas con estatus de intocables dentro del ámbito docente. Y que por intocables han servido para alimentar un gran fraude. Pero creo que la más perniciosa de todas ellas no la hemos tratado aún directamente, aunque sí de forma “transversal” pues está presente como argamasa en el resto de dogmas, se trata del dogma de la motivación. La motivación es el concepto omnipresente en toda literatura educativa, en toda discusión y en toda ceremonia del sistema educativo español en las dos últimas décadas. En la teoría pedagógica la motivación puede tener consideraciones diversas, tiene sus defensores dogmáticos, pero también sus críticos: aquellos que limitan su valor. Es su uso dogmático – el que no examina sus fuentes, ni sus condiciones, ni sobretodo sus límites- lo que aquí rechazamos. Para nosotros la motivación es un factor secundario, y no puede ser el centro desde el que se articule la educación; un sistema educativo que quiera fundarse sobre la motivación está condenado inexorablemente al fracaso. La falta de motivación se esgrime como causa principal del fracaso escolar, y con cierta ingenuidad –no exenta de su pizca de maldad- se prescribe eliminar aquella para eliminar éste; los niños y adolescentes no están motivados, y por tanto se aburren, no prestan atención, ni trabajan con energía, aparecen los conflictos de disciplina y viene el fracaso escolar… en cambio si los niños estuviesen motivados, estarían divertidos en el colegio, atentos, trabajarían con gusto enérgico y en armonía… El diagnóstico está hecho, y la medicina recetada. Solo queda... ponerle el cascabel al gato. ¿Y quién se lo ha de poner? Pues está clarísimo, aquellos a quienes le corresponde: los profesores. Rigurosa lógica, rigurosa tautología. ¿Y los padres?, bueno, los padres también tienen que arrimar el hombro un poquito [perdón, implicarse], y cooperar junto al resto de la comunidad educativa, desde posiciones comunitarias y democráticas, -cuando no más democráticas- y desde normas al servicio de la prevención. Sí, todos juntos a motivar al infante. Y el infante, que se huele la trama –porque de tonto no tiene un pelo, sobreestimulado como está desde la cuna- se despatarra en su pupitre, echa los hombros hacia atrás, se despereza lentamente, y le dice con un cierto aire entre displicente y fastidiado al profesor: motíveme.

¿Se imaginan el resultado?

Hay otra forma de entender la educación en la que la escuela no se percibe como una actividad más junto a muchas otras posibles [por ejemplo la excursión Terra Mítica del fin de semana], en la que se concibe la educación como una necesidad para que el niño se convierta en hombre capaz. Esta concepción no se funda en la motivación, en el deseo, sino en la conciencia de necesidad. Y se entiende que el deseo nace de la necesidad.


Yo he sido educado en las letras desde mi infancia, y como se me persuadía de que, por medio de ellas, se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de lo que es útil para la vida, tenía un extremado deseo de aprenderlas.

René Descartes.


PS. En este momento alguien me susurra a la oreja que el humanismo ha muerto.


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Educar en bolas y prohibir el móvil

Husmeando por menéame encontré el otro día la noticia de un profesor del Reino Unido que para 'ser guay' tuvo la ocurrencia de quedarse medio en bolas delante de los alumnos. Los alumnos, por supuesto, lo celebran con regocijo, y alguno decidió inmortalizar la hazaña con su móvil. Y a partir de ahí, un par de clics y a Youtube. El profe 'guay' queda despedido. Mola. Pero vean, vean, el inefable vídeo:



Traigo este vídeo tan feo a colación de uno de uno de esos debates que con relativa frecuencia se da en los centros educativos. Se trata del cansino 'móvil sí, móvil no'. De vez en cuando la cosa se sale de madre y alguien propone la 'solución final': nada de móviles en el instituto, prohibida su entrada, y muerto el perro, se acabó la rabia. En este sentido el vídeo que propongo debería ser objeto de estudio y análisis obligatorio en todas las facultades de educación y, por supuesto, en el lamentable máster pedagógico de nueva factura.

En mi interpretación, el profesor que se queda en bolas para ser 'guay' es toda una metáfora del sistema educativo español. La incompetencia del profesor británico queda expuesta gracias a un vídeo realizado por uno de los alumnos. Sin duda la intención del alumno que lo graba no es que despidan al profesor, muy al contrario: puede que esté encantado con sus métodos. Sin embargo, de un modo involuntario, su vídeo se convierte en un testimonio de la negligencia del profesor y permite expulsarlo. ¿Qué pensarían ustedes si en vez de despedir al profesor se expulsara al alumno que grabó el vídeo? ¿Y si se propusiera prohibir la entrada de móviles en el centro alegando que incitan a los profesores a quedarse en bolas? En estos casos, aun aceptando que al alumno no debería haber grabado nada, pensaríamos que los responsables son cómplices de la ineptitud del profesor y que quieren ocultar la suya propia.

Pues eso es precisamente lo que ocurre en los centros españoles: los profesores y el sistema educativo en su conjunto estamos en bolas, y hay multitud de vídeos que lo demuestran. Sin embargo, en vez de hacer algo con el sistema, se carga contra los móviles y sus inconscientes usuarios, como si éstos fueran la causa última de todas las bellaquerías grabadas.

A título personal, jamás he tenido problema alguno derivado de un móvil en clase. A veces ha sonado alguno, el alumno se ha apurado un poco y lo ha apagado. Ya está. Lo mismo que cuando me suena a mí. Y si alguno se ha empeñado en hacer el tonto, pues un parte y a otra cosa, igual que cuando molestan con una pelota o un pito. Por eso me extraña que la mayoría vea en el móvil prácticamente la causa de todos los males. Creo que se trata de una especie de miopía contagiosa que no permite pasar del mensajero al mensaje.
Pero lo cierto es que todos esos vídeos que corren por ahí y que nos escandalizan sólo vienen a poner de manifiesto que estamos en bolas. Cargar contra tales vídeos sólo beneficia a aquéllos que tienen la responsabilidad de que permanezcamos así; y apunten lo alto que quieran. Gracias a todos esos vídeos sabemos:

1) Que los profesores estamos en bolas ante el alumnado.
Esto lo vemos en multitud de vídeos donde de un modo u otro, los alumnos insultan, vejan o maltratan a su profesor. El sistema educativo, para ser 'guay' nos ha privado de las herramientas para hacer valer nuestra autoridad como profesores. Esos vídeos son el testimonio de lo que tienen que soportar los profesores y a menudo con la seguridad de que no encontrarán apoyo ni en la administración ni en sus propios compañeros. Son esos vídeos la única prueba de que estamos en bolas. Si no existieran, los responsables dirían que todo funciona: miles de papeles lo prueban.

2) Que los alumnos están en bolas frente a otros alumnos
Hay otro 'género' en el que ciertos energúmenos se ceban con los más débiles. Los agresores negarían hasta la saciedad los hechos si no hubieran sido tan gilipollas de grabarlos. La misma administración lo negaría de faltar dicha evidencia, e incluso en algún caso, ha sido el centro el que negaba sistemáticamente los hechos. Para ser 'guay' el sistema ha inventado mediaciones, convivencias, educación en valores, prevención frente a sanción y buenrrollismo con el malo. Pero ahí está el vídeo escupiéndonos a la cara el resultado de toda esa morralla legislativa que configura nuestro sistema educativo.

3) Que estamos en bolas ante las nuevas tecnologías
Estoy convencido de que en muchas ocasiones la fobia a los móviles sólo tiene su origen en la incomprensión que determinados profesores tienen de las nuevas tecnologías. La administración se gasta la pasta con cosas espectaculares y 'guays' como pizarras digitales o portátiles a gogó. En los propios currículums siempre hay algún apartado sobre las TIC y no paran de ofrecerse cursos y cursos para profesores. Pero lo cierto es que en la mayoría de centros no hay equipos informáticos decentes ni siquiera para los profesores, que las aulas están diseñadas para impedir cualquier uso razonable de las nuevas tecnologías y que si uno quiere que algo funcione, tiene que usar su propio equipo, pues los del centro suelen estar obsoletos. Y todo lo que se dice en los currículums sobre TIC.... nada, los alumnos prácticamente no saben enviar un correo electrónico, no ven en el ordenador más que un medio para decir paridas en el tuenti y por supuesto cualquier noción sobre programación es autodidacta. Respecto a los cursos para profesores, tendrán suerte si se apuntan a uno en el que se aprenda algo más que a cortar y pegar. El caso es que tras toda la cháchara, nos ponen un móvil delante y nos quedamos en bolas sin saber qué hacer y en vez de ver una potente herramienta educativa, nos parece cosa de brujas, de manera que a la hoguera con él.

4) Que los alumnos acaban su educación en bolas
El sistema, para ser 'guay', ha ido eliminando, descafeinando, degenerando y 'optativizando' todas aquellas materias que durante siglos han educado a la humanidad tanto ética como estéticamente. Por otra parte, la exigencia y el esfuerzo, como no son 'guays', se sustituyen por tutorías, técnicas de estudio y qué malo este profe que sabrá mucho pero no sabe enseñar. Al final esos vídeos no son sino un producto en el que se expresa objetivamente el nivel ético y estético de nuestros alumnos, que acaban su educación y están en bolas porque no saben hacer la 'o' con un canuto.

A continuación les enlazo un documento que pretende ser una argumentación contra la prohibición total de los móviles que pongo a disposición de quien necesite usarla.


Lamento que el post me haya salido demasiado largo como para enviarlo por SMS.

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Le nouveau Beaujolais est arrivé et Le Générateur de Vérités Néo-Pédagogiques Définitives aussi!

¿Qué tal le suena esto?

“La práctica auto-reflexiva debe convertirse en un crisol socio-pedagógico indisociable del aprendizaje cotidiano”

¿Y esta otra?

“La utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación debe entenderse como un crisol didáctico-semántico inseparable del proyecto de estudio autónomo de los alumnos”

¡Pues no se quede atrás y pase a generar sus propias verdades neo-pedagógicas definitivas! ¡el espaldarazo definitivo en su carrera profesional! ¡asombre en cursos, cursillos, claustros, reuniones y convivencias!

Sí, deseo generar ya mis propias verdades neo-pedagógicas definitivas.


A través del excelente blog de Pseudópodo he dado con el no menos sorprendente blog Subliminalia, que suministra absolutamente gratis otras dos fabulosas herramientas generadoras de auténtica caca de la vaca: Bullshit Generators en castellano y El Harry Potter Generator -HP-Generator 2000-

El generador original en francés. Générateur de Vérités Néo-Pédagogiques Définitives

Más sobre caca de la vaca en este mismo blog.



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Esos saberes irrelevantes. Javier Marías

En El País Semanal de hoy Javier Marías reflexiona acerca de la educación a partir de una anécdota: una aspirante a Miss, al ser preguntada por la fecha del descubrimiento de América por Colón, respondió: 1780, y cuando, por ello, en un programa de TV algunos periodistas intentaron mofarse de ella, respondió ufana: “es irrelevante saber eso”.

“Es irrelevante saber eso". En cierto sentido no le falta razón a la candidata a "Reina", porque lo mismo opinaron, a buen seguro, cuantos profesores tuvo en su vida y los responsables de Educación -gubernamentales y autonómicos- de las últimas dos o tres décadas, que han hecho todo lo posible por convertir a España en una sociedad de iletrados, de ignorantes ufanos de su ignorancia, de primitivos duchos en tecnología; así como un buen número de progenitores, que se han dedicado a exigir a los docentes que enseñen a sus vástagos "cosas prácticas", que les sirvan para ganarse la vida en el futuro, y no pierdan el tiempo con lo "irrelevante". ¿Sirve de algo el latín, una lengua cadáver? ¿Sirven las matemáticas, cuando tenemos calculadoras que nos dan el resultado de cualquier operación en el acto? ¿Sirven la gramática, la sintaxis y la ortografía, si da lo mismo cómo se hable y se escriba? ¿Sirve conocer la historia, si basta con buscar en Internet para averiguar al instante quién fue tal personaje o qué pasó tal año? ¿Sirve la geografía, si cogemos aviones que nos trasladan a cualquier sitio en unas horas y nos trae sin cuidado el trayecto? ¿Sirve algo de algo? ¿Y qué es, pues, "lo práctico"? Tal vez sólo aprender a manejar el ordenador y la calculadora. En realidad, ¿para qué es necesario ir a la escuela? ¿Para tener una idea del mundo, del pasado de la humanidad, de la historia del arte y de las religiones, de la evolución de las ciencias, de nuestra anatomía, de los textos que se han escrito, de la multiplicación y la división y la suma y la resta, del círculo y el triángulo? Nada de eso es "práctico" ni ayuda a ganarse la vida, no digamos a ser Reina Hispanoamericana. Y sin embargo ...”

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Psicopedagogía. Una propuesta de programación

Hace algunos posts, nos hacíamos eco, con susto y desmayo, de la nueva optativa que sustituye a la psicología en la Comunidad Valenciana: la psicopedagogía. Al final, no hay mal que por bien no venga, y creo que puede quedar una asignatura decente. Les dejo la programación que voy a usar por si a alguien le facilita las cosas. Creo que se adecua perfectamente al currículo oficial y sin embargo consigue evitar la banalidad del mismo. En fin, lo que hay que hacer...



De momento, a modo de materiales para clase, les propongo los siguientes vídeos:

Con la educación no se juega - 1ª parte



Con la educación no se juega - 2ª parte

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No es verdad que no es verdad, por Ricardo Moreno

La pedagogía ha abierto un campo paralelo de promoción académica para gente sin una profundización en una materia específica. A través de la pedagogía, en el mundo de la Educación han entrado y con influencia unas personas a las que se podría llamar "anti-educadores". Ya que los pedagogos no tienen una materia propia, tienen tendencia a socavar la importancia de todo conocimiento específico de materia, sobre todo lanzando la idea de que sería posible aprender a aprender sin aprender nada específico. En mis momentos de pesimismo me pregunto si estas modas no van a acabar con la civilización occidental tal como la hemos conocido, basada en el humanismo, el racionalismo y la ciencia, porque estos valores han sido trasmitidos a través de la Educación y esta transmisión funciona ahora menos bien.
De una entrevista a Inger Enkvist (cursivas mías), citado en No es verdad que no sea verdad, de Ricardo Moreno

Hace unos meses apareció un manifiesto que circula por ahí bajo el título NO ES VERDAD. Supongo a los lectores al corriente del contenido de dicho manifiesto, pero por si todavía hay algún afortunado que lo desconozca, baste decir que el manifiesto viene a negar que el modelo pedagógico de la LOGSE sea la causa de la actual crisis educativa. El diagnóstico del manifiesto es que las cosas van mal porque el ideario de la LOGSE no ha podido aplicarse en profundidad. La causa del deterioro de la educación es, según éstos, que se sigue imponiendo un modelo tradicional y autoritario de enseñanza basado en la transmisión unilateral (¡unilateral!) de contenidos (¡Anatema!), entre otras cosas porque el profesorado carece de (pereza me da escribirlo) la-formación-pedagógica-adecuada.
Cuando leí el manifiesto por primera vez me pareció bastante cínico y en ocasiones inconsistente y recuerdo que eché unas risas con un amigo ante una deliciosa paella montaraz.
Tras el regocijo inicial uno se da cuenta de que los del manifiesto van en serio y que no pararán hasta que se carguen la educación. Y al parecer no soy yo el único ni el más tonto de los que sospechan eso.
Afortunadamente Ricardo Moreno, autor del Panfleto Antipedagógico, ha escrito, con el sentido común que le caracteriza, un comentario al manifiesto, poniendo de relieve cada una de sus contradicciones, inexactitudes, y despropósitos. Les recomiendo encarecidamente su lectura, y tal vez no venga mal colgarlo en alguna sala de profesores...




No Es Verdad Que No Sea Verdad

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En Defensa de la Pedagogía (2)

Según Ortega el ser humano es la única cosa cuyo ser consiste en no ser. Somos un proyecto que no está dado, sino que debe realizarse. No somos hombres, sino que llegamos a serlo con ayuda de otros. Este llegar a ser hombres con ayuda de otros es la educación, que se convierte así en algo consustancial al ser humano. Así la educación tiene que ver con la construcción de mi propio ser, por lo tanto es una cuestión ética, pero como mi ser no se construye sino por y junto a otros, la educación es también en una cuestión política. Y no sólo eso: si lo que construyo con la educación es mi propio ser, entonces también es una cuestión ontológica. La reflexión sobre la educación es lo que llamo Pedagogía, y como vemos, la pedagogía está íntimamente ligada con las grandes cuestiones filosóficas: la verdad, la felicidad, la justicia, el ser humano, etc. No es casual la relación entre pedagogía y filosofía que observamos con harta frecuencia en la historia del pensamiento. La ética, la filosofía política, la epistemología, la ontología, la antropología filosófica, la hermenéutica, etc. son las disciplinas de las que se nutre la pedagogía.

Así entendida la pedagogía, no tiene demasiado sentido declararse antipedagógico. ¿Cómo íbamos a declararnos nosotros, filósofos y docentes, antipedagógicos? Sería una negligencia profesional. La reflexión sobre la educación nos pertenece en tanto que filósofos y en tanto que docentes.

Pero el llamado movimiento antipedagógico no es descabellado, puesto que no se opone a la pedagogía en el sentido que aquí le he dado, sino que se opone a otra cosa que se hace llamar LA pedagogía y no es más que UNA pedagogía. En efecto, hay tantas pedagogías como filosofías. El problema es que hay una teoría pedagógica en concreto que se ha convertido en oficial, es decir, que es impuesta a través de las leyes, dominando el sistema educativo en su conjunto. Estoy en contra de que la pedagogía sea políticamente dirigida, precisamente porque la pedagogía tiene una dirección política. El control de la pedagogía constituye el medio para realizar o creer realizar el sueño totalitario del control y el diseño de la propia naturaleza humana a imagen y semejanza del poder.

Creo que la pedagogía oficial consigue pasar inadvertida ocultando su naturaleza filosófica. La pedagogía se convierte en psico-pedagogía pretendiendo derivar sus dogmas de una supuesta naturaleza humana objetiva y neutralmente fijada por la psicología científica.

Así pues, la psicopedagogía sería una versión psicologista de la propia pedagogía, que a través de un discurso pseudocientífico aparentemente fundamentado en una teoría constructivista del aprendizaje, introduciría elementos políticos y éticos filosóficamente discutibles como verdades objetivas legalmente sancionadas. De ese modo se sustrae la reflexión pedagógica a sus más legítimos sujetos: los filósofos y los docentes en general.

Creo, por fin, que el legislador no debe asumir una pedagogía, sino garantizar la libre discusión racional entre teorías pedagógicas alternativas.

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En defensa de la Pedagogía (1)

Acabo de leer, vía Waldenland25 (con agradecimiento incluido a Efervescente2H) el artículo de Ana Benito: "La pedagogía no tiene la culpa: un análisis de los problemas de la educación en España". Más o menos lo que la autora dice es que las críticas a la pedagogía yerran el tiro porque no atacan a la auténtica pedagogía sino a una versión caricaturizada de la misma, así que trata de ir desmontando los 'malentendidos' en torno a cuestiones como la memoria, el aprender disfrutando, la atención a la diversidad, etc. O sea, que la pedagogía (constructivista) ha fracasado no porque sea una patraña, sino por falta de pedagogía (no supieron explicarlo...) A mi juicio no consigue su propósito, antes bien, confirma todos esos presuntos malentendidos. Pero no sólo eso, sino que acaba justificando el actual sistema educativo. No en vano el artículo lo edita el propio Ministerio de Educación, Política Social y Deporte; pedagogía oficial, vamos. Lo cierto es que el artículo no tiene desperdicio y me he propuesto dedicar una serie de posts a comentar algunas de sus perlas, que son más que significativas. Ya los iré colgando conforme los escriba.

En todo caso la lectura del artículo, ciertas conversaciones con colegas de la profesión y el recuerdo de iniciativas pasadas, me han hecho reflexionar sobre una cuestión que considero de suma importancia. Se trata de la propia naturaleza de la pedagogía. Por decirlo de un modo contundente: la pedagogía no forma parte de la psicología, ni es ella misma una ciencia autónoma. Creo, más bien, que la pedagogía es, ante todo, una reflexión filosófica (sí, filosófica). 

1) La pedagogía no es una ciencia: En efecto, las ciencias tienen como objetivo explicar la realidad, no modificarla, pero la pedagogía tiene un claro contenido normativo. La psicología se dedica a estudiar científicamente el aprendizaje, proponiendo teorías acerca del mismo más o menos contrastables. No es la realidad del aprendizaje la que tiene que adecuarse a las teorías, sino las teorías las que tienen que adecuarse a la recalcitrante realidad. La ciencia no tiene un contenido normativo bajo pena de falacia naturalista. Sería absurdo decir que la teoría geocéntrica no falla, que lo que falla es la tierra, que le da por girar. Pero la pedagogía tiene un contenido normativo, en primer lugar, porque no se ocupa del aprendizaje, sino de la educación, que es algo más amplio y que no puede desconectarse de cuestiones como la justicia, la antropología, la verdad, etc., que no admiten un tratamiento científico. En segundo lugar, la pedagogía no trata de explicar la realidad de la educación, sino de diseñarla según una idea de lo que el ser humano DEBE ser. Decir que la pedagogía es una ciencia y hacerla derivar de la psicología no es más que un nuevo caso de psicologismo reduccionista. Este psicologismo ha sido una de las teorías filosóficas del siglo XX más perniciosas para la filosofía. 

2) La pedagogía es una reflexión filosófica: La pedagogía no sólo tiene un contenido ético, sino que ES ÉTICA APLICADA. Si la ética reflexiona sobre la vida buena, la felicidad y la justicia, la pedagogía reflexionará sobre cómo preparar al niño para esa vida buena, para esa felicidad y para esa justicia. La pedagogía no nos dice cómo se aprende (eso lo hace la psicología), lo que hace es reflexionar sobre lo que se DEBE aprender. La educación es un proceso por el cual formamos a personas como personas, y la pedagogía reflexionará acerca de la legitimidad moral, epistemológica y antropológica de los medios y de los fines. Cuando digo que esa reflexión es filosófica, estoy haciendo referencia al carácter necesariamente abierto de la misma. No hay una pedagogía verdadera, en el sentido en que no hay una filosofía verdadera. Aquí sólo hay búsqueda. Una teoría pedagógica oficial sería tan perniciosa como una filosofía oficial o una física oficial (¿hay alguna revista seria de física editada por el ministerio de ciencia, o como se llame ahora?). Lo peligroso de ésto es el dogmatismo. 

3) Por lo tanto: la reflexión pedagógica es una actividad ineludible para la filosofía, además, debe ser una reflexión extremadamente crítica y prudente, dado el alto contenido ético-político de la misma. No sólo debemos reflexionar acerca de la pedagogía en cuanto filósofos, sino que debemos atacar toda toda forma de psicologismo en pedagogía, precisamente, porque ese psicologismo destruye a la pedagogía misma, convirtiéndola en ingeniería social (como me sugería el otro día un colega lector de este blog).  La pedagogía no tiene la culpa, claro que no. Ha sido precisamente la ausencia de una verdadera reflexión pedagógica por nuestra parte lo que ha permitido que una determinada pedagogía ideológica y pseudocientífica se instale en nuestro sistema educativo. Recuperemos la pedagogía y recuperaremos la educación.

Quisiera terminar invitándoles a la pedagogía con el siguiente fragmento de la película "El milagro de Ana Sullivan" en el que confieso que veo sintetizada mi propia filosofía de la educación (o sea, mi pedagogía). Ana Sullivan ha sido contratada para educar a una niña (Helen) que es ciega y sorda y que tiene a los padres desesperados porque su comportamiento es propio de un animal. En la escena que presento, Ana intenta enseñar a Helen a comer con cubiertos. La niña acostumbra a vagar por la mesa mientras su familia come, cogiendo con la mano comida de sus platos. Ante el asombro, incredulidad e indiganación de los padres de Helen,  Ana se empeña en enseñarle a usar la cuchara, por lo que empieza por expulsar a la "comunidad educativa" de la sala. El video no está completo, pero al final consigue su propósito...




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Fanatismo y educación

“Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma y otra, el fanático está más interesado en el otro que en si mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto.”


Amos Oz, Contra el fanatismo.


Peligroso y familiar, el fanático que pinta Amos Oz. Es fácil deslizarse hacia el fanatismo y sucumbir a la tentación, no de hacer el bien, sino de hacer bueno al prójimo, de sanarle, de formarle, educarle, y eliminarle si no entra en vereda. Hay que estar en guardia, sospechando de la bondad, especialmente de la de uno mismo.

Creo que el fanatismo es esencialmente pedagógico, no hay fanático que no tenga vocación de educador. El fanático no quiere enseñarnos contenidos teóricos, quiere formarnos, quiere que desarrollemos las habilidades y competencias que, a su juicio, nos harán mejores. El fanático educa en valores. Y lo más peligroso es que los valores más permeables al fanatismo son los más aceptables (quizá por vacuos): el respeto, la solidaridad, el medio ambiente, la igualdad, etc; esto hace que el fanatismo se vuelva invisible, lo cual dificulta separar el fanatismo de los valores del fanático. No es lo mismo criticar el fanatismo de un ecologista, que criticar el ecologismo de un fanático, pero la distinción suele pasar inadvertida.

Pero si el fanático es esencialmente educador, no es cierto que la educación sea esencialmente fanática aunque, a mi juicio, el fanatismo es el pan de cada día en este gremio. Creo que educar sin fanatismo es educar filosóficamente, haciendo de la educación una búsqueda desinteresada del conocimiento. En cualquier caso la educación sin fanatismo es una rara avis. Quizá queden unos cuantos ejemplares, pero me temo que alguien se ha empeñado en que se extinga.

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Educar, enseñar, formar, instruir...



Un profesor que no es dogmático es simplemente un maestro que no enseña.
Gilbert K. Chesterton

He escuchado a docentes decir que ellos no son [no somos] simples enseñantes, instructores, formadores o trasmisores de conocimientos sino educadores. También a otros repudiar el título de educador y anhelar el neutral enseñante...

Con la ligereza de alma propia del sentimiento de deber cumplido paseaba ayer entre los estantes de la Fnac -lejos ya de los aromas de aceites de coco y zanahoria, de la sal y las sardinas asadas- miraba los volúmenes ordenados con el firme propósito de no adquirir ninguno hasta que no haya dado cuenta de los muchos que se apilan en la estanterías de mi domicilio. Las tentaciones no eran desdeñables; cogí un ejemplar –el único- del Parménides de Martin Heidegger, desgraciadamente la envoltura de plástico me impedía curiosear el contenido -y romper el envoltorio me parecía un poco incivil- Me dirigía, pues, con él hacia el mostrador de ventas cuando recordé que estoy enfrascado con La Viena de Wittgenstein, "con esta dispersión no llevaré a término nada", pensé, así que di media vuelta y deposité de nuevo a Heidegger con el envoltorio intacto en su nicho, quizá para Navidad-. Enfrente sesteaba un libro de pequeños ensayos de Chesterton, ¡y sin envoltorio!, abrí el libro y curioseé el contenido leyendo los títulos de los artículos: uno de ellos trataba sobre educación, otro sobre los errores médicos, me decidí por el primero, lo leí sin tan siquiera sentarme y su contenido resultó esclarecedor: en esencia venía decir Chesterton que la educación no es una palabra como teología, gastronomía, astronomía, porque no contiene unos objetos o contenidos propios, ya fuesen argumentos, misterios, manjares, cazuelas, planetas o estrellas. Educación significa simplemente trasmisión, trasmisión de los ya curtidos al que acaba de nacer. Depende de quien eduque trasmitirá unos contenidos diferentes, el delincuente nos educará en el arte de la estafa o de abrir puertas con ganzúa o a evadir impuestos o a traficar con sustancias prohibidas, el puritano nos educará en la observación de las fiestas, en la abstinencia y la mortificación, el político progresista en la igualdad, la paz y la solidaridad, el taurino nos educará en las suertes de capa, chicuelinas, verónicas... otros nos educarán en el conocimiento de la naturaleza, de los números, del arte, del razonamiento válido, de la escritura correcta... quien nos enseñe a dudar estará en deuda con Protágoras, con Gorgias o con Descartes.

Así que, siguiendo a Chesterton, educar es sinónimo de formar, instruir, enseñar... con lo que dejan de entenderse algunas cosas, pero se comprenden muchas más.

Abandoné, pensativo, el libro en el estante. Pienso volver a esa estantería en próximos días para leer nuevos capítulos. El libro se titula “Lo que está mal en el mundo”; si alguno de ustedes lo compra y tiene a bien prestármelo le estaré agradecido.

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Parvulario perpetuo

"Si los profesores se saben hoy llamados a la destrucción -la suya y la de su mundo-, es porque no se engañan: ese pacto de sentido, susceptible de generar creencia, es imposible. Ya sean docentes universitarios, ya parte de ese funcionariado del infierno que es hoy el de quien oficia en las enseñanzas primaria y secundaria, idéntica es su experiencia: el mundo se ha trocado en una inmensa guardería, en la cual nadie espera de nadie transmisión de saberes; todo lo más, doctrinas a la medida de la mente párvula de la cual se ha decidido no salir nunca. Y esa infinita y gazmoña guardería se traga glotonamente dos siglos de prolija planificación de la instrucción pública. Para hacer de ella calderilla cantarina: educación de Estado: parvulario perpetuo. Es la majestuosa venganza de los necios, el desquite de los resentidos: contra magisterio, pedagogía. Apología del in-fans: el que no habla, ni hablará nunca, porque de que no lo haga se ocupan puntillosamente las leyes.
El sueldo -tan humillantemente escaso- del profesor paga hoy tan sólo la perpetuación de ritos. Pero el lugar sagrado del saber, en el cual esos ritos midieron sus armas salvíficas, ya no existe. Son ruinas sólo de un templo que fue, sillar a sillar, borrado en los cuatro últimos decenios. Toda veneración por el saber es hoy anacronismo."

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Opiniones de Arturo Pérez-Reverte sobre la lectura y las pedagogías


Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber.

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Lecturar

...Si se sigue por este camino, y es probable, quizá las autoridades educativas, hábilmente aconsejadas por sus psicopedagogos de cámara, nos acabarán explicando cómo cagar: “Se sienta usted de esta manera, se relaja… puede optar entre el papel y…” Y no sería raro que en este mundo educativo, donde ya se ha enseñoreado plenamente esa jerga de pleonasmos e incorrecciones inventada por los psicodemagogos para encubrir la falta de conocimientos a los que asirse; ese idioma oscuro trufado de palabros como “inclusividad”, “rol”, “disruptividad”, “ratio”, donde se construyen verbos como “ofertar”, “interactuar”, “aperturar”, se acuñase el neologismo “lecturar” para definir la acción de enfrentarse a un libro siguiendo todos los pasos y recomendaciones de los inútiles con carnet, para contraponerla a la necesidad y al placer supremo de leer, por los cuales incluso se ha llegado a morir: “Mamá, hoy no me lleves al centro comercial, que tengo que lecturar…”, “Me han dicho que lecture un libro para hacer un trabajo sobre la pizza”..

Extracto del magnífico artículo de Maximiliano Bernabé.
YO LEÍ “EL QUIJOTE”, Y DISFRUTÉ
El fin de la enseñanza de las humanidades en España
Encontrado vía Panfleto antipedagógico.

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YO LEÍ “EL QUIJOTE”, Y DISFRUTÉ.
El fin de la enseñanza de las humanidades en España.

Así dicho, y depende de en qué ámbitos, puede sonar hasta como una provocación. Sí, lo leí, y sentí placer, a pesar de que era, en su integridad, una de las lecturas obligatorias en el tercer curso del B.U.P. de hace unos años. Una vez que lo empecé pocas cosas me hicieron interrumpir su lectura, con las dificultades lógicas que puede plantear un libro publicado a comienzos del s. XVII, pero tampoco tantas. En esto pensaba, y en muchos otros libros, mientras el otro día varios medios de comunicación hablaban sobre los planes de lectura que las autoridades educativas han emprendido para fomentar ese hábito entre los escolares. También al contemplar, en las paredes del instituto donde trabajo, unas hojas de recomendaciones sobre cómo leer. Instrucciones enmarcadas dentro de estos plantes de lectura. Y algo no me cuadra.
Primero, porque este interés sucede y se superpone a otro de las autoridades educativas nacionales y autonómicas de erradicar de la enseñanza la lectura de obras completas y sustituirla por antologías y adaptaciones, con los años cada vez más antológicas, y más adaptadas. Y segundo, por la inanidad y vacuidad que emanaba de esas mismas normas. Empezaban casi diciendo cómo se tiene que sentar el chico, abrir el libro, la luz necesaria, cómo hay que hacer descansar la vista cada pocos párrafos mirando para otro lado, tomar zumos de vez en cuando para reponer fuerzas, etc. Todo muy obvio, y estúpido por lo evidente o excesivo. Al final, pensé, con este afán de burocratizar una materia del espíritu como es el proceso de aprendizaje, tras haber ahuecado de contenidos las diferentes asignaturas en que está compartimentado, van a hacer una asignatura de algo tan íntimo y connatural a quien se interesa por el saber como es leer un libro. Y así, hacer que el libro, un alargamiento de nuestro intelecto, que puede retener mucho pero no todo, quede lejano, burocratizado, sometido a protocolos redundantes, “auditado”. Si se sigue por este camino, y es probable, quizá las autoridades educativas, hábilmente aconsejadas por sus psicopedagogos de cámara, nos acabarán explicando cómo cagar: “Se sienta usted de esta manera, se relaja… puede optar entre el papel y…” Y no sería raro que en este mundo educativo, donde ya se ha enseñoreado plenamente esa jerga de pleonasmos e incorrecciones inventada por los psicodemagogos para encubrir la falta de conocimientos a los que asirse; ese idioma oscuro trufado de palabros como “inclusividad”, “rol”, “disruptividad”, “ratio”, donde se construyen verbos como “ofertar”, “interactuar”, “aperturar”, se acuñase el neologismo “lecturar” para definir la acción de enfrentarse a un libro siguiendo todos los pasos y recomendaciones de los inútiles con carnet, para contraponerla a la necesidad y al placer supremo de leer, por los cuales incluso se ha llegado a morir: “Mamá, hoy no me lleves al centro comercial, que tengo que lecturar…”, “Me han dicho que lecture un libro para hacer un trabajo sobre la pizza”.
Tercero, porque en ésta nuestra sociedad española, la destrucción progresiva de la enseñanza que se viene llevando a cabo desde 1990 parece que tiene por fin formar ciudadanos acordes con la mediocridad imperante. No hay más que echar una ojeada a los medios de comunicación, o a las formas de ocio mayoritarias. Una persona que lea literatura, historia, filosofía de verdad, no esos folletos engordados que ocupan ahora muchas estanterías, difícilmente comulgará con muchas ruedas de molino. Para lograr este objetivo, la artillería de los mediocres buscó blanco en el libro mismo. Para leer hay que “digerir” el libro, y éste fue descuajado en adaptaciones y colecciones de parrafitos perpetradas por el psico-inquisidor pedagógico de turno, pagado por los politiquillos que marcan los diecisiete, o más, sistemas educativos con que ahora contamos. Es comprensible que, para quien se enfrenta por primera vez a ellos, se adapten textos antiguos, cuando la lengua era bastante diferente de la actual. “El Cantar del Mío Cid” y otras joyas de los inicios. Eso siempre se ha hecho. Sin embargo, el otro día casi me da un pasmo cuando vi que ya se adapta literatura de finales del s. XIX. Dentro de nada, se pasará “La Familia de Pascual Duarte” a lenguaje de móvil, ya verán, y hasta tendrá un prólogo de Dª Mercedes Cabrera, Ministra de Educación. Y todo esto, en el caso de que los libros que se recomienden no sean esa llamada “literatura juvenil” con tramas entre lo inverosímil y lo tedioso, cuyos personajes desconocen el empleo de cosas tales como el subjuntivo o las oraciones subordinadas. Con estos mimbres, no es de extrañar el descrédito en el que actualmente se hallan las Humanidades en las instituciones de enseñanza: cuando se llega a la hora en que los alumnos deben elegir asignaturas, a los listos les “ofertan” las científicas, y a los menos aventajados, las humanísticas, las del montón. Y con razón; seguro que un chimpancé también podría enfrentarse dignamente a los contenidos que amenizan ahora a disciplinas como la gramática o el estudio de una lengua extranjera. Ya se empezó desterrando al latín y al griego. Las asignaturas científicas van aguantando el embate un poco más, un lapso que tampoco ha de ser muy largo si los fundamentalistas pedagógicos de la LOGSE y la LOE siguen con el control del sistema educativo español. Todo lo que tarden en encontrar un método para, por ejemplo, resolver ecuaciones eliminando todas las incógnitas (espero no estar dando ideas), y así igualar a todos en la misma ignorancia mediocre. Luego nos quejaremos del mal estado de la investigación en España, y algún esclarecido cargará la responsabilidad sobre otras épocas; pero para entonces ya habremos conseguido producir varias generaciones que provean de camareros y personal de limpieza a esos “resorts” que ahora se construyen en la costa mediterránea.
Como el oprobio nunca suele ir muy lejos del chiste, hace poco he leído que el alcalde de Noblejas (Toledo) ha propuesto que su ayuntamiento pague de sus arcas un euro por hora a los escolares que vayan a la biblioteca, aunque sea a calentar la silla. La lectura convertida en subempleo, fomentada por aquéllos que nunca han leído. Por un lado da un poco de pena que esta labor de zapa mediocre la esté realizando el PSOE, cuando en otros tiempos los partidos socialistas se preocupaban de que los obreros dedicasen su tiempo libre a leer y estudiar, medios de conquistar la dignidad personal, y también la mejora social. Por el otro, da más pena todavía constatar cómo se dice que se emplea el dinero público en supuestamente fomentar la lectura después de haberse esforzado por erradicarla de la vida de los adolescentes. Es como cuando después de haber quemado un monte de robles lo plantan de eucaliptos, que crecen rápido, para transformarlos en pasta de celulosa. Recuerdo que en el musical “El Violinista en el Tejado”, el protagonista, en la célebre canción “Si yo fuera rico (If I were a rich man) dice que si tuviese mucho dinero pasaría el día discutiendo los libros con los sabios del pueblo. Los libros. No sólo entre los judíos de Europa Oriental fueron un objeto de veneración y deseo. Desde luego, si Don Quijote viviera ahora y fuese alumno de la E.S.O., no se habría vuelto loco por leer sus libros de caballerías, se volvería imbécil, pero loco no. Ahora, algún psicotonto español debe de estar maquinando mamotretos de instrucciones de mil páginas sobre cómo leer un libro.

Maximiliano Bernabé Guerrero
Toledo



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Ricardo Moreno. Pensar la educación al otro lado de la corrección política: las falacias que sostienen un sistema educativo precario.



Ricardo Moreno, autor del Panfleto antipedagógico, en una conferencia para Sociedad.es expone las líneas generales de su crítica al pensamiento pedagógico inherente a la Reforma, Logse y actual Loe.

Al otro lado de lo políticamente correcto.

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Re-educación para la ciudadanía

Este es el segundo de una serie de tres programas de televisión (de momento) en los que el filósofo Gabriel Albiac analiza la nueva asignatura 'Educación para la Ciudadanía'. Creo que este es el mejor de los tres programas. Comienza con una entrevista a Agapito Maestre, catedrático de filosofía y experto en Aristóteles. Creo que es muy recomendable escuchar con atención el programa, especialmente lo que se dice acerca de la formación (¿manipulación?) de los afectos. Ustedes juzgarán.



"[...] Se toman a la ligera la vieja fórmula platónica " Que no entre aquí nadie que no sepa geometría"· Cuidado, eso no es un tópico o una figura retórica, no, mire usted, es que para
ser un buen ciudadano y por lo tanto sencillamente para cumplir el umbral que posibilite llegar al ámbito de la presencia política que corresponde a todos los ciudadanos, hay que tener el máximo nivel de inteligencia que una sociedad sea capaz de proporcionar, la matemática, la geometría concretamente, era el grado de inteligencia máximo para un griego porque posibilitaba el conocimiento de las formas. ¿Pero qué estupidez me cuenta usted cuando me dice que va a dar usted doctrina o que va a dar usted ciudadanía? La doctrina o la ciudadanía no se dan, lo que se da es el saber, el conocimiento, la maestría, el dominio, de las técnicas que permitan que un sujeto no sea un bruto, y para eso entre otras cosas, la capacidad de disciplina que es la condición de la autodisciplina"
Gabriel Albiac

Aquí están todos los programas emitidos hasta el momento: Libertad Digital
Aquí un blog crítico con la Educación para la Ciudadanía que merece, al menos, ser tenido en cuenta, a pesar (es cuestión de gustos) de su clara inclinación católica (ser crítico con la Educación para la Ciudadanía no implica asumir los argumentos de la Iglesia): Educación para ¿La ciudadanía?

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Dogmas de la pedagogía oficial(7). Comunidad e individualidad


Uno de los lugares comunes más frecuentados de la pedagogía oficial es el concepto de comunidad educativa. En un post anterior comparábamos a ésta con el “camarote de los hermanos Marx” –ya desde ahora me pido el papel del “mudo” para esta singladura, pero no está vedado a los mudos el aporrear teclados-. Es el signo de los tiempos; en el siglo lV A.C. Platón nos proponía “el mito de la caverna” para explicar la situación en que con respecto a “la educación o falta de ella se encuentra nuestra naturaleza”, en los comienzos del veintiuno el estado español encuentra su imaginería en el genial Groucho. Como en el famoso camarote, nuestra “comunidad educativa” no para de crecer y , al igual que en aquél, los elementos que se añaden contribuyen a hacer más patente el problema, pero no a aliviarlo; el pisotón del informe ha hecho daño esta vez, tanto que la causa del desaguisado se le ha achacado a Franco, no estaría mal “que los muertos entierren a los muertos”, pero pasado el sincope se buscarán víctimas más propicias; ya se encargarán de señalarlas “el plomero o su ayudante”, me huelo que algún liberal despistado se llevará el cachete y a éste no le va a librar la bienintencionada enmienda.


Quien conoce el espíritu del comunitarismo estará familiarizado con una de sus exigencias más habituales: “actuar todos a una”, así una de las causas de “nuestros” problemas se atribuye a esa falta de unidad de criterios o de actuación, una exigencia de este tipo puede ser dicha con mucho aplomo, atildando la voz, y encontrará en el público unánime asentimiento, rítmicos y sincronizados movimientos de cabeza , rostros serios, honesta preocupación... es el momento de la reflexión, del examen de conciencia... en este preciso momento algún individuo se encamina ya hacia el desierto, se embosca o se trasforma en burlón (bufón). El carácter totalitario del comunitarismo se revela claramente en su opacidad refractaria a cualquier crítica; pues cualquier objeción es un síntoma del mal que se denuncia: “falta de unidad, de cohesión”, el crítico es el elemento distorsionador, aquí lo que se requiere es adhesión.. y nada más. No es extraño tampoco que esas “actuaciones comunes” que se requieren, no sean otra cosa que “mis (sus) prejuicios” acatados por todos. El corolario de esta posición no es la solución de ningún verdadero problema, pero alivia las conciencias.. y la ciudad vive algunas horas tranquilas más, a costa del animal que se pierde en el desierto, aunque sea tan sólo en el dúctil elemento de la fantasía.

Comunidad, comunión, comulgar –con ruedas de molino.

La democracia –también nosotros tenemos derecho a invocarla-, sin embargo, tiene que ver con individuos, con individuos autónomos, racionales –al menos supuestamente-, con opiniones confrontadas, con polémica, con diferencias de pensamiento, de expresión y de acción.. y nada le es más ajeno que el silencio de los corderos o la paz de los cementerios.
La madurez , tan necesaria, se expresa en la capacidad de decisión personal, en reconocer y asumir el riesgo del error –en uno mismo y en los otros- , sólo una mente infantil –o un fanático- puede pretender tener la verdad, otorgársela a los demás y no digamos compartirla en feliz banquete festivo.

Pero se me dirá que todo esto no niega la necesidad –y posibilidad- de llegar a acuerdos, de “consensuar” unas pautas de actuación de obligado cumplimento y que poco se puede hacer si nos convertimos en jugadores solitarios.

Mi respuesta a esto es sencilla: esas normas están dadas; no vivimos en el vacío legal, ni somos extraños viajeros espaciales llegados a un planeta ignoto, no podemos ser jugadores solitarios aún cuando lo quisiéramos; nuestras normas y nuestras instituciones tienen una honda y esforzada historia. La solución a nuestros problemas pasa por el respeto al individuo, por suponer su racionalidad y su autonomía moral, por reconocer su valía profesional. El comunitarismo, que desconfía del individuo –y lo desprecia-, anula las fuerzas creadoras, siembra ineptitud y resentimiento -los no convencidos pueden reparar en los ejemplos de la historia- Algunos preferimos soportar las extravagancias e irregularidades de algunos particulares –por descontado los otros deberán también soportar las nuestras, qué remedio- a alienar nuestra falible autonomía en el “nosotros los buenos” , que se ha demostrado en la historia tan fatuo como perverso.

El desastroso camarote nos exige una solución: que no sea ésta el Fata Morgana del " reino de los justos".

Si han llegado hasta aquí se merecen un regalo, obtenido por medio de un blog amigo:

Poco a poco he comprendido el defecto general de nuestro tipo de educación y formación: nadie aprende, nadie quiere aprender, nadie enseña -a soportar la soledad.

Friedrich Nietzsche


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Dogmas de la pedagogía oficial (6) Prevenir y Sancionar

Mediterráneo una y mil veces descubierto, avispero de disparates y legión de ocurrencias; la cuestión de la convivencia en los centros educativos nos anda ocupando últimamente más de lo que debiera. El debate en torno a este tema es, por lo general, insustancial, ideológico e intelectualmente pobre; pero en ocasiones se anima. En este sentido un par de cosillas me han llamado la atención en calidad de síntoma. Una de ellas es la eliminación, en el código civil, del castigo físico razonable como posible medida correctora de la conducta de los hijos. En su lugar “La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y sicológica (sic)”. La otra cosilla es el supuesto 'amplio' rechazo del borrador del decreto de convivencia escolar porque -se alega- hace prevalecer la sanción sobre la prevención. Los psicólogos (o algunos psicólogos, que en esto siempre habrá opiniones) afirman que el bofetón es ya un fracaso, que traumatiza, humilla y que, como sólo pueden darlo los padres, no es democrático. En su lugar proponen 'otras' medidas (no pregunte usted de qué 'otras' medidas hablan porque le mirarán raro).

Ambas cuestiones son expresión de una vieja ilusión del ser humano, tan natural y bienintencionada en su planteamiento, como perversa en su ejecución: la utopía del control. La sanción llega tarde; el delito ya se cometió. Hay que prevenir. ¿Quién no desea un mundo en el que el conflicto se ataje antes de nacer, en el que la sangre nunca llegue al río, un mundo de corros manolos, animación sociocultural y participación? Pero la prevención es una caja de Pandora que, al ser abierta, deja escapar a todos los demonios. Sólo a uno le impide salir: a la libertad y por ende, a la responsabilidad, que es el retoño que aquélla alberga. Prevenir es reprimir. Supone moldear al sujeto para que su conducta efectiva coincida con la conducta que el sistema espera de él. Es la armonía preestablecida de Leibniz aplicada a lo social. Para los prevencionistas todos somos posibles infractores, por lo tanto todos debemos someternos a sus cursos on-line, a sus mediaciones, a sus tests, a sus esquemas. La infracción es tan imperdonable que no puede consentirse siquiera como posibilidad. Esto exige un riguroso esfuerzo por recabar información, una burocracia eficiente para tramitarla, un organigrama, la implicación, por supuesto, de toda la comunidad educativa, y expertos, expertos, expertos. La sanción es un fracaso, que traumatiza, humilla y que, como sólo pueden imponerla las autoridades, no es democrática.
Por una mezcla de suerte y desgracia, las medidas preventivas son casi siempre ineficaces, si no crean más problemas de los que resuelven. Lo grave es que al final, si se comete el delito, la responsabilidad ya no es del delincuente, sino de quien no lo impidió. A partir de aquí todo se complica mucho. Vean si no este esquema del plan PREVI (basta una ojeada rápida para comprender lo que quiero decir):


Al final, evaluación, informe, archivo... una y otra vez.
Yo quisiera, frente al idealismo utópico de la prevención, reivindicar el realismo gástrico de la sanción. Pero, para que se me perdone, argüiré que, en realidad, la sanción es la medida preventiva más eficaz, sin los inconvenientes del prevencionismo. La sanción no es una rabieta, sino una medida disuasoria (eso es prevenir). Quien sufre la sanción se educa en la responsabilidad, nacida ahora del ejercicio de su propia libertad. Lo otro es mediar, negociar, escaquearse... La sanción, codificada en un sistema de normas, es uno de los mayores logros de la humanidad, es el triunfo de la razón sobre la arbitrariedad. Además la sanción, dada su objetividad, admite la crítica y la rebelión y por lo tanto la mejora. El prevencionismo sin embargo actúa a escondidas emponzoñando el agua de los depósitos. Siglos y siglos de historia nos muestran el peligro de querer implantar la paz a costa de la libertad, moldeando a los individuos desde su infancia como figuritas de mazapán. Ese aprendizaje histórico no debería obviarse a la hora de organizar nuestros pequeños centros educativos.

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Dogmas de la Pedagogía Oficial 5º. Legalismo




Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos
como nace un deseo, sobre torres de espanto.

Luis Cernuda

Uno sale a la calle
y besa a una muchacha o compra un libro,
se pasea, feliz. Y le fulminan:
Pero, cómo se atreve?
¡ El arquitrabe!

Jaime Gil de Biedma


Hace años, era uno joven y confiado, me preguntaba una compañera si había leído no sé qué del BOE, le respondí que pudiendo leer a Cernuda no perdería el tiempo con la prosa del boletín del estado; ella, con visión de futuro, me contestó que había tiempo y momentos para cada cosa; tal sugerencia me pareció un indigno pasteleo, y he seguido siendo muy reacio a entretenerme con el discurso de los boletines –aunque alguno me voy mirando ya, no se crean.

Desde entonces las alusiones a leyes y boletines se han multiplicado en un vertiginoso crescendo, en consonancia la poesía ha ido desapareciendo de nuestros colegios e institutos; pocos alumnos de 2º de Bachiller –aún siendo de “letras”- cursan hoy literatura española, y ya es raro –un milagro, vamos- que alguno de ellos conozca a Luis Cernuda; mi amiga, sin embargo, es ahora inspectora en una de las múltiples delegaciones de educación y empieza a sonar para una vicepresidencia.

Desde principios de los noventa hablar de educación ha sido sinónimo de apelar a la LOGSE o renegar de ella, al hacer esto se nos escamoteaba la cultura y se sustituía por un discurso político –en el peor de lo sentidos- un discurso partidista, sustentado por prejuicios y vacío de contenidos, un discurso que alimenta silencios, bandas y banderías, y en el que la prueba de nuestros argumentos se funda en nuestra pertenencia a esta o aquella formación política, a este o aquel equipo, a este o aquel proyecto. La indudable crisis de nuestro actual sistema educativo tiene entre otras causas la ausencia de un auténtico debate en cuestiones educativas; en lugar de “ir a las cosas mismas”, el pseudodebate educativo se ha agotado en señalar La Ley, que parece concebirse como intocable emanación del Absoluto –o en su caso del Maligno- la ley –con sus múltiples artículos- que emana innumerables decretos y casi infinitos reglamentos. Se teje así una telaraña jurídica al servicio ¡ay! no de la justicia, sino de la justificación de un depauperado estado de cosas.

Supongamos que alguien no está de acuerdo con alguna medida concreta que se toma en su centro, –algo tan terrenal y concreto como las guardias de patio, por poner un ejemplo-, entonces ante una hipotética protesta se le indica La Ley de tal manera que el cambio de esa medida aparenta suponer una enmienda a la Constitución, hechos como estos –que aunque productos de mi fantasía son totalmente reales, “también la verdad se inventa” decía Antonio Machado- disuaden a cualquier persona sensata de hacer propuesta alguna. Una de las discusiones, que a estas alturas ha tenido lugar en cada uno de los centros de España, concierne al tema de las expulsiones; en muchos centros se impide al profesor expulsar a alumnos con el argumento de que al expulsar de clase se vulnera el derecho a la educación del alumno..¡ahí es nada! si alguien osase comentar –como de hecho ocurre- que quizá el comportamiento de este alumno impide el derecho a la educación del resto – evidentemente también una renuncia voluntaria a la propia- la contestación podría ser que el profesor está falto de recursos para dirigir una clase, que debería acudir a los pertinentes cursillos de reciclaje, de mediación, de habilidades sociales o incluso se le puede sugerir que cambie de trabajo.. sí, como lo oyen.. todo menos conculcar el derecho a “la educación” del gamberrete de turno, el cual de otra parte queda perplejo junto al resto de la tribu ante las reflexiones de sus maestros, tal como en la aldea de Asterix pensaban: “están locos estos romanos”. Resumiendo, ante el intento de resolver un problema concreto de disciplina se te presentan con la Constitución bajo el brazo, y te señalan el artículo según el cual el acceso a la educación es un derecho de todos los españoles..sin embargo en las pistas de baloncesto del municipio no se consiente que nadie pise sin llevar el calzado adecuado.. Con tanta ley, decreto, y reglamento educativo tendrán que poner un ministerio fiscal en defensa del gamberro ante los variados dislates que provoca cada profesor , según algunos, obsoleto.

Ya pueden imaginarse como la contemplación de estos percances –que no pasan desapercibidos- ejerce una balsámica acción motivante sobre el alumno interesado en aprender, alumno estudioso –que milagrosamente persiste y persevera en aquellas prácticas de otrora, al margen de la ley benefactora.

Pero el imperio del legalismo no se limita a las cuestiones de disciplina y autoridad sino que impregna cada una de las facetas del sistema educativo. Por ejemplo, las programaciones; si se comparan las programaciones de aquellos tiempos de Luis Cernuda con las del presente de Zafón, La catedral del mar, y Harry Potter con sus cohortes de animaciones y dinámicas, no dejará de percibirse que hoy en cada programación se comienza por citar el BOE -o su correspondiente versión autonómica, claro está- como queriendo mostrar que se es respetuoso, obediente de la ley, libre de pecado y conocedor de anexos y circulares. Allí debe mostrarse que los contenidos están por la ley bendecidos, que se tienen previstas las correspondientes adaptaciones, que se someten a ley los procedimientos y las actitudes, los temas trasversales y la educación en valores, y ¡cómo no! las múltiples “actividades”. Y, como la gran mayoría de docentes, no somos héroes, sino mas bien comedidos timoratos, y pendiente como se está de la Espada de Damocles del legalismo, se acaba por mutilar la reflexión personal, la originalidad, la creatividad, la autenticidad, la sensatez, la prudencia y el buen gusto, que podrían dar a lugar a documentos ricos en vivencias, en experiencia, en planteamientos realistas y acordes a los sujetos de la educación. En su lugar se generan estériles y farisaicos escritos para demostrar observancia de la ley.

Es en el ingente papeleo donde el espíritu del legalismo alcanza su parusía –en los montones de papeleo agotador e inútil; en la mimesis de la burocracia, el formalismo y el humo coloreado.
.....que se han hecho adaptaciones pues enumérense los objetivos, los materiales, las criterios de evaluación, y los datos del adaptado -hágase por triplicado- ... los informes de evaluación personalizados –también por triplicado.. que consten partes de faltas y firmas de enterado... amonestaciones ... papeles para la reunión de padres y para la elección de delegado... autorizaciones de los padres para las actividades extraescolares, para subir en autobús o para ver cierta película... y papeles, papeles, más papeles.. para la conferencia de la droga y la de seguridad vial, para el cursillo de risoterapia, el de Astrología
y el de psicología transpersonal... los papeles del viaje a Utrera y Castellón.. no se olviden de los puntos que valen para el sexenio..

Cada paso que usted dé debe quedar convenientemente consignado y burocratizado, de lo contrario no fue nada; o peor aún, puede ser un paso en falso; "burocratizo, luego existo", "burocratizo, luego estoy a salvo", son lemas que iluminan los entresijos de la docencia en una época que presentía Hölderlin cuando se preguntaba: y para qué poetas en tiempos de penuria.


Qué oye?

El fragor de las trituradoras de papel.

Wislawa Szymborska



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Dogmas de la pedagogía oficial (4) Cooperar vs competir

Como el bueno de Aristóteles advertía, no hay forma sin materia; tampoco, en consecuencia, hay método sin contenido. De modo que podemos sospechar que la 'nueva' metodología que trata de imponer la pedagogía oficial no es neutra en cuanto a los contenidos -como ninguna lo es, por cierto.

Como ya señalábamos en un post anterior, la pedagogía oficial se autoconcibe 'democráticamente' como un proyecto 'democrático' de reforma 'democrática' para conseguir una sociedad 'más democrática'. Si su archienemigo es el liberalismo, ya podemos intuir en qué tipo de democracia están pensando. El sesgo político no me parece peligroso, es más, en democracia lo más saludable es tener uno de esos -cosa que no está al alcance de todo el mundo, no se crean. El problema es cuando se pretende dar al sesgo político propio una legitimidad moral superior al resto de sesgos políticos. Pero si esa legitimidad moral viene, además, avalada por un discurso pseudocientífico y endulzada por ricas animadoras socioculturales aquí ya no hay quien diga esta boca es mía.

A modo de anécdota me gustaría contar una sesión de hipnopedia a la que fui sometido en uno de los cursos de formación del profesorado que he sufrido (quienes trabajen en empresas serias entenderán por 'cursos de formación' algo muy distinto a lo que se entiende en educación, a ellos he de advertirles que lo que van a leer es una sesión real de uno de los cursos que se supone mejoran nuestra capacidad docente y que además son financiados por las arcas del Estado).

Estaba yo, pardillo de mí, junto a otros compañeros -gente seria, padres de familia, intelectuales, etc- esperando que comenzara el curso y con la vaga esperanza, uno, de aprender algo; dos, de acabar pronto y obtener los preciados créditos de una vez. De repente irrumpe en la sala una psicóloga hiperactiva y nada, carpeta aquí, fotocopia allá, proyector que no va pero al final sí, que falta una silla, que llega uno con retraso, que otra ha ido al baño... Por fin nuestra gurú, a base de palmas, consigue que pongamos las sillas una al lado de otra y que subamos encima. Y aquí ya ni se respetan las canas ni hay justificante médico que valga. A la silla todos. Como a mí me daba tanta vergüenza irme como quedarme, me quedé alelado como el burro de Buridán. Y cuando me quise dar cuenta ya estaba encima de la silla. La dinámica iba a comenzar. Se trataba de situarnos por orden de nacimiento sin hablar y sin bajar de la silla. A partir de ahí, la gente gesticulando, agarrándose para no caer, ahora paso yo, ahora pasas tú. Un guirigay. Por fin terminamos, no se cómo, ordenados por edades, sin decir una palabra e ilesos. Afortunadamente estaba la psicóloga hiperactiva para iluminarnos: lo habéis conseguido gracias a la cooperación. Eso y hacer una apología de la cooperación, abominando de la competitividad fue una y la misma cosa. Resulta que los males del mundo se deben a la competitividad y que si enseñáramos a nuestros alumnos a cooperar y no a competir 'tal y como se hace en el actual sistema', otro gallo cantaría. ¡A cooperar, a cooperar, hasta enterrarlos en el mar!

Que en ocasiones la cooperación es la forma más eficiente de llevar a buen término algunas tareas es algo que saben todas las bandas de ladrones, las mafias y las organizaciones terroristas. Pero de ahí a considerar la cooperación como algo moralmente bueno a priori, va un trecho. Toman la cooperación como un valor y la competitividad como su hermana perversa.
No quiero aquí hablar mal de la cooperación, sino denunciar el mito de la cooperación. La pedagogía oficial, obstinada en mejorar el mundo, ha encontrado en la competitividad al gran Satán. Para ellos la cooperación es más democrática que la competencia. Un sistema competitivo fomenta la desigualdad, la injusticia social, la insolidaridad, el aislamiento, etc. ¿Qué es eso de que tú eres más y yo soy menos; que tú ganas y yo pierdo?

La pedagogía oficial sin embargo se equivoca en algo fundamental. Lo propio de la democracia es, precisamente, la competencia. Sin ir más lejos, el acontecimiento, la fiesta democrática por excelencia son las elecciones. ¿No son competitivas? La competencia sólo es imposible cuando no hay libertad, cuando el estado lo es todo, cuando sólo cabe cooperar o estar fuera. Si hay democracia y libertad, entonces hay competencia. Y viceversa. La competitividad permite que los individuos desarrollen sus aptitudes, que no se conformen, que deseen mejorarse y obtengan el estímulo necesario para emprender esa tarea. Pero la competitividad no es la guerra de todos contra todos. Supone unas reglas, un juego. Se puede competir bien o mal. Se puede saber perder y ganar o no saber. Por eso también es necesaria una educación en la competitividad, que también es un hermoso valor.

No sé a cuánta gente ha educado la pedagogía oficial cooperacionista, pero Kant ha educado a la humanidad y vean lo que dice:

“El medio de que se sirve la Naturaleza para lograr el desarrollo de todas sus disposiciones es el antagonismo de las mismas en sociedad, en la medida en que este antagonismo se convierte a la postre en la causa de un poder legal de aquéllas. Entiendo en este caso por antagonismo la insociable sociabilidad del hombre, es decir, su inclinación a formar sociedad que, sin embargo, va unida a una resistencia constante que amenaza perpetuamente con disolverla. Esta disposición reside, a las claras, en la naturaleza del hombre. El hombre tiene una inclinación a entrar en sociedad, porque en tal estado se siente más como hombre, es decir, que siente el desarrollo de sus disposiciones naturales. Pero también tiene una gran tendencia a aislarse, porque tropieza en sí mismo con la cualidad insocial que le lleva a querer diponer de todo según le place, y espera, naturalmente, encontrar resistencia por todas partes, por lo mismo que se sabe hallarse propenso a ofrecérsela a los demás. Pero esta resistencia es la que despierta todas las fuerzas del hombre y le lleva a enderezar su inclinación a la pereza y, movido por el ansia de honores, poder o bienes, trata de lograr una posición entre sus congéneres, que no puede soportar, pero de los que tampoco puede prescindir. Y así transcurren los primeros pasos serios de la rudeza a la cultura, que consiste propiamente en el valor social del hombre".


I. Kant, Ideas de una historia en sentido cosmopolita, en “Filosofía de la historia”


Insociable sociabilidad, cooperación y competencia, son dos aspectos de la naturaleza humana necesarios para su progreso. Negar uno de ellos es negar al ser humano.

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